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Ceshire

Triángulos: María desde María

Triángulos: María desde María María, desde María

Despertar, estrujarse los ojos, sonreír sin saberse, aferrarse a las sábanas que cantan canciones de cuna para engañar a los relojes, escuchar el grito de guerra del: “Buenos días América, son las 6:20 de la madrugada”, bostezar, dar un manoplazo al radio-reloj, aplazar lo inaplazable, acomodarse de lado; palparse los dedos, los brazos, los hombros, el cuello, y llegar hasta el cabello con un toque ligero: -¿Estas despierta María?-. Y ejercitar los pulmones con un suspiro dilatado que acelere los latidos dormidos; y respirar, respirar profundo porque el sueño es insistente y cierra los ojos con un vago ensueño de abuela y dice al oído que soñar es más bonito, y los sábados son días para gozar del sueño: -¿Soñamos María?-. “En breve las noticias en caliente”, otro manoplazo: cortar el sueño de tajo, y llevar hasta sus confines las cuencas de los ojos, y no, los sábados son días para tener los ojos bien abiertos.

Pie al suelo: sentir las losetas de textura de vajilla recién pulida; acomodarse el tirante del camisón; arreglarse la braga que anoche nadie quitó; caminar hasta el espejo, mirarse la María de hoy; acomodarse el rizo descarriado atrincherado justo en la frente, reconocer la nariz colorada, el cuello alto de gata: -sí, María, siempre has tenido cuello de gata egipcia-, sonreír orgullosa y acallar con mordazas de pepino las arruguitas que comienzan a asomarse por las comisuras de sus ojos; y lavarse con un frío baño las marcas que deja el abrazo de las sábanas: latigazos de humor negro: -inmisericordes sábanas-.

Y preparar el desayuno: -¿huevos Pepe?-. -Avena con café-. Y recorrer la sala, los pasillos y los baños con “spray” para matar los gérmenes, abrazar a su marido que lee el diario y alza los ojos al verla con gesto incierto y sonrisa de material de archivo, mimarlo, sentarse en su regazo, empujarle un beso mentolado hasta remendarle la sonrisa; tratar que toque, que sienta, que vea el cuello egipcio, y seguir el guión de los sábados: ¿los cristales o las ventanas? Y soñar, soñar que sueña mientras sirve el desayuno, saca la basura y barre la arena que nunca se acaba. Soñar que inventa, que exagera, que Pepe no ha cambiado en nada, que don Julio, el taxista, inventa cosas, que es el trabajo, si, el trabajo, el que tiene a Pepe tan estresado. Soñar que no hay otra.

Soñar, con dolor.
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2 comentarios

Ceshire -

Inicialmente este cuento era una tripleta en donde los tres protagonistas de esta historia (Pilar, María y Pepe) tenían espacio para narrar su parte. Perdí el texto que escribí sobre Pepe, y sólo me quedó el de María, por ahí anda el de Pilar, que es la amante. Imagino que eso hace este Tríangulo uno bastante parcializado. Esa no era mi intención.

Por otro lado, me alegra que hayas podido entrar en la mente de una de tantas Marías. Y si mi texto te sirvió para reflexionar, enhorabuena.
Te mando un beso.

Max -

La pregunta es inevitable, horrible, pero inevitable: ¿habré sido como Pepe alguna vez? ¿habré esgrimido sonrisas de material de archivo? (genial, por cierto), Me siento ante la evidencia de una cámara de videovigilancia. Es inquietante la duda. He de confesar que temo no ser inocente. En cualquier caso, es un privilegio poder ver la escena por los ojos de una mujer.

Muchos hallazgos en tan poco espacio.

Genial, Sandra.
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