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Ceshire

Esclava

Esclava Puedo abrazarte y mentirte,
decirte que no pasa nada,
que tengo los ojos húmedos
pero mi alma está seca.
Que soy fuerte y las lágrimas
son confusión, no certeza.
Que este dolor sanará
y el amor no escapará
precipitándose
herida
abajo.

Cuando pase este dolor
y me convierta en el amo
del que escribió Hegel
¿Podrás mentirme tú?
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5 comentarios

max -

Cuando me dices eso, Sandra deliciosa, quisiera surgir de uno de esos tifones que os asaltan y llegar hasta tus labios con los pies llenos de barro. Salgo de casa, corro hacia el oeste... y me encuentro con la ancha Castilla, inmensa antes de poder soñar el mar, ese mar que tantas horas pone entre las gentes. Ya sabes, la realidad. Pero esa invitación que me ha conmovido, ese ticket que da acceso a algún lugar de tu corazón, lo voy a guardar en un bolsillo, junto a mi pecho, para usarlo algún día, como un delicioso derecho no escrito, como una de esas cláusulas de los contratos invisibles que unen a los buenos amigos.
Besos.

Ceshire -

Max:
Yo misma por ejemplo.
No pases de puntillas no, has ruido, no te limpies los zapatos en la alfombra, deja tus huellas en el piso. Pega un grito: honey, I'm homeeeeeeeee! y a ver, Max cuando baje me dices porque razón porque es que no te gusta el pobre Miguel Bosé.

: )

Besos

Ceshire -

Pedro:
Escribo sin oficio, me da lo mismo que me lean 10, que me lean 200, si me lees tú por ejemplo, yo estoy feliz. Este es un lugar donde apilo los textos que de otro modo perdería. Cuando cambié de computadora perdí toneladas de escritos que me gustaban y sólo sobrevivió lo publicado en Predicado. Sobreviviste tú también, que eres un raro espécimen de hombre que no me miente. Recibo tu beso de orfebre y lo pongo sobre mi tocador, con cariño.

Besos, hoy sí de bufón. Que a veces me miro al espejo y sólo me falta el gorro de tres puntas.

Max -

¿Quién podría mertirte, Sandra?
Yo, tampoco.
He pasado de puntillas sobre Miguel Bosé y Ana Torroja para venir aquí y decirte que prefiero, con mucho, tus poemas. Vaya que sí.
Besos.

Pedro -

No, Sandra, amor, no puedo mentirte, lo diga Hegel o el demonio. Imposible con esos ojitos con los que me miras y –ay- solo puedo decirte verdades (ya me gustaría mentirte, engañarte, con reclamos llevarte detrás del muro, abrazarte mientras digo sí y es no, etc). Pero no digo ni una pizca incierta si –al oído-te comento lo del marketing, es decir, que no basta con escribir tan bien como tu escribes, no, luego tienen que leerte. Es trabajoso, lo sé, para un alma pura es contradictorio escribir (de dentro, con oficio, sí, pero de dentro) y buscarse lectores por las esquinas, por los parques del ocio donde hoy por ti mañana por mi. Qué es un lío, ay, no tiene una poco con escribir cada día como para encima andar colgando carteles por las avenidas del aire ¡aire! Y encima para poco agradecimiento. Eso, preciosidad, que desde hace tiempo (¿años ya?) te leo y te aprecio y no soy ningún romántico, te leo porque escribes tan bien que no puedo dejar de hacerlo (me refiero a leerte). Tampoco puedo dejar de enviarte este beso de orfebre que he mimado toda la tarde (ahí aún mañana) para ti. Guapa.
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