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Tusas

Tusas

Aprendí a ser tusa en noviembre del 1995. Y ayer ascendí a la posición de ratusa: que es una mezcla letal de rata con tusa. Debo decir, que aunque tarde, convertirme en tusa y luego en ratusa ha sido la mejor desición que he podido tomar en mi vida. Ser tusa paga; es cierto. Aunque bueno, últimamente he visto unos cambios en mi fisonomía y en mi cuerpo. Efectos secundarios de la transición imagino. Nada importante ni que me quite el sueño. No mientras mi cuenta de banco siga creciendo. Lea bien esta historia y apliquese bien el cuento antes de que sea tarde. Yo por ejemplo: si hubiese sabido antes lo que sé ahora, no hubiera perdido el tiempo en la universidad. Soy vendedor de bienes raíces verá, y eso de ser refinado me estaba quemando las ventas. En vez de yo vender, los clientes me vendían sus mil excusas. Por mucho tiempo les compré sus deudas, sus enfermos, el auto del año, y hasta consultas con el broker. Yo veía como dentro de la compañia, los tráfalas con cara de bolsa eran los que se llevaban las comisiones más gordas, y me preguntaba como podía suceder semejante cosa. Cómo a mi me vendían sus excusas, y a ellos, su verdad. Un buen día, pedí hacer sombra con Carlos, un tusa de lo peor. Y así fue como me introduje al mundo de los tusas. Vi con asombro que el 75 por ciento de la población eran tusas encubiertos. Padres de familia, médicos, notarios, maestros y policías, todos tusas desdoblándose a la menor provocación. Hablando feo, pellizcándole el trasero a sus esposas, jugando a probar quién es el más tusa de todos los tusas. Y claro, un tusa se entiende con su igual, te abre su corazón, te deja que te metas en sus fibras más intimas, y si sabes jugar con ellas, te permite que decidas como gastar su dinero. Como vengo de una familia chapada a la antigua en la cual decir "coño" te ganaba un castigo, el cambio de gente bien a tusa no fue fácil. Esto de arrastrar la lengua y hablar masticado cuidando de no pronunciar una erre delatora no es tarea para taimados. Luego tuve que aprender a maldecir: a decir cabrón, maricón, hijo-de-puta, pero esto no fue lo peor. La primera vez que tuve que rascarme los testiculos como para demostrar que en efecto ahí estaban, yo tenia huevos, fue una experiencia devastadora. Pero como todo, la verguenza también pasa,y de pronto un día eres capaz de rascarte los huevos frente a un tipo que te dice que tiene que consultar con su madre si se compra o no la casa que le gusta. Pero ya en este caso, la entrelinea del astusa es mucho más refinada, y así con cierta elegancia le estás diciendo al tipo: ¿Hombre, dónde carajos tiene usted los huevos? -Y otro tusa te entiende, baja la mirada y te pasa su billetera como para demostrarte su hombría. Que no se lo estoy diciendo yo: ser tusa paga, aunque bueno, no es trabajo para mamones. Hay que tener corazón de hierro y memoria corta. Ayer por ejemplo tuve que poner en su lugar a un cliente porque me dijo que tenía que pensar si compraba o no la propiedad de sus sueños. Una ganga por cierto. Tuvo los huevos de decirme que estas cosas no se podían tomar a la ligera, que le diera unas semanas para consultarlo con la almohada. Oyó usted bien, consultarlo con la almohada me dijo. Le dije que qué se pensaba, qué había venido al mundo con fecha de caducidad, ¿qué le garantizaba que no se iba a morir hoy mismo e iba a dejar a sus hijos en la calle? Que no tenía consideración por su mujer ni sus hijos, mucho menos amor propio, que tenía a su familia viviendo en la miseria, alquilados, mientras él se daba lujos, que no era hombre sino animal. Para demostrarle que yo tenía razón lo enterré en el jardín de la casa que no tendrá jamás, y donde servirá de abono para las flores que una familia más meritoria disfrutará. Ser tusa paga. Sólo hay una cosa: me están saliendo dos protuberancias a cada lado de la cabeza. Y mi esqueleto parece encogerse. Las corbatas cada día me quedan más grandes.

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1 comentario

Max de Sastre -

Caray, Sandra. Acabo de recorrer tus delicias agridulces y pasear entre la vegetación exótica de tu vocabulario. Gracias por ponerlo ahí.
Un saludo levemente aturdido..., o sorprendido... por un lejano perfume austral.
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