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Ceshire

Confort food

Confort food Repaso las yautias, cuchillo en mano. No puedo evitar pensar que me he convertido en uno de estos vegetales ásperos de ineludible raíz. Hundo ahora los plátanos en agua con sal y un dejo de sarcasmo me queda entre los dedos. Sé que luego los despojaré de su cáscara, los coceré en aceite, les daré forma de disco, y los regresaré al sartén donde una ola de calor los transformará en otra cosa. Será el cruel espectáculo de una cirugia íntima, "malpractice" del espíritu sobre un picador de frutas. Un menu a la carta para alguien más. Recuerdo que un día alguien también me llenó de sal, me remojó con esmero, me dejó la desnudez y me guardó celosamente en su nevera hasta hacerme en entremés. Colocar ahora las yautias en el procesador de alimentos, añadir mantequilla y leche hasta hacer una crema densa. Vertir la crema en una olla honda. Añadir perejil, un toque de ajo, cebollas en polvo, perlas pulverizadas, algas azules de las profundidades de Atlantis, ojos de coatí y arena blanca. De tanto jugar al espejo, he olvidado los mapas, las coordenadas, los erizos y los coracoles que transitan mi memoria como ecos que rebotan sobre esta casa hoy vacía; siniestra y oscura como el grito de Munch. Los cuentos sin final maullan en mi mente como gatos en celo que no encuentran su deseo. Trato lo que digo y digo lo que trato, de decir quiero, y sin embargo, trabo y al final, no puedo. Quisiera decir que un hombre de ojos de caramelo y cuerpo de serpiente reposa sobre las yemas de mis dedos, enroscado como un mal reuma, ha entumecido mis miembros con el beso del tonto. Su sueño es tan profundo que temo despertarlo. Tanto lo quiero que a veces, olvido el dolor que me provoca la inercia. Utilizar un Guayo de orificios grandes, rayar la yautia hasta formar una pasta. Añadir sal y poner en cucharadas grandes sobre aceite de ajonjolí hirviendo. Dorar por ambos lados. Papagaya resignada recito noche y día la plegaria dulce del mañana mejor, pero los relojes no avanzan para el hemisferio izquierdo de una cabeza habitada de niños autistas, y el dia eterno me tortura con la promesa del orden. Afuera alguien ha muerto, otro lo encuentra, el resto llora. El muerto conoce ahora lo que a mi me falta. Tiene dos ojos nuevos y el mundo se está desdoblando ante él como un pañuelo blanco. El conoce del agua, yo sólo sé de sed. Colocar las frituras de yautia dentro de la crema. Servir tibio con tostones y ketchup.
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1 comentario

Max -

¿Es esta una receta para fakires, capaces de dormir sobre verdades hirientes, perdón, sobre clavos?
La receta me ha conmovido... mucho... Ufff...
Sandra, qué poderío.
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