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Apremio

Apremio

Ven, no dudes, refugiate en mi, yo sé que ayer pronuncié pestes y langostas, que conjuré el no, que mandé un angel augusto a custodiar mi puerta, pero tengo frío, y ganas de beberme tus ojos de noche y estrellas, de contestarle suspiros a tu boca de elipsis, de curar con masajes los nudos de tu espalda. Permite, cielo, que escurra con mis manos tu tristeza, que te borre el abandono y la intranquilidad de las piernas, que me coma la vacilación, el miedo y la zozobra. Permíte que te llene de elixires y bálsamos; de panaceas para el alma, unicornios y que ponga obsidianas detrás de tu almohada. Ven, que te guardo un concierto de caricias, un Bolero de Ravel sin tambores ni trompetas, el fin de un sueňo loco, un pecado que está a mi nombre, una legenda artúrica que no sé pronunciar. Mira que tengo fiebre de sacar a pasear tus dedos, y perderlos en un bosque de leopardos negros, y ay de ti si te conviertes en una bestia obediente de probidad imposible, fiera, ven, regresa a exigir mi cerebro embelequero, mi corazón turbado, mi cuerpo duro por tu indiferencia. Mira que estoy desorientada y no sé si maňana reuniré el corage para llamarte de este modo, a gritos, sin recato, orgullo ni prudencia, con la boca sucia de travesuras, jungla e indecencias. Ven que te lleno de atenciones y agasajos y estoy vestida de apremio en minifalda. Dulce amor, ruborizado, que no te atreves a tumbarte en mi saya, que me soplaste cristal y me creíste de aire, rómpeme, háblame con las manos, a piernas enredadas, en el sudor y el delirio. Mira que tengo ganas de despeinarme en ti, de perder la cabeza y encontrar otras partes, de quererte hasta el cansancio y que nos sorprenda la maňana susurrando intimidades bajo sábanas y selva.

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Noticias

Noticias

Por el momento no escribo, Un día se me apagó algo por dentro y ya no encontré al duende tardo que me dictaba los cuentos ni la lacónica queja del poema. Desde entonces me dedico a dibujar la proporción única de cada cara, a pintar mis sueños, a coser almohadones y faldas y ver crecer plantas en mi balcón. No me quejo. Sublimo igual, pero de una forma más inofensiva, más privada, es decir más mía. Ultimamente leo, los leo mucho. Ustedes son lo que me queda de la urgencia de letras que un día tuve. Bueno, la que aún tengo, estas cosas no mueren, simplemente dormitan. Gracias por inspirarme.

Tengo

Tengo

Tengo miradas secretas, gafas y ojos con propósito. Cuentos terribles, escritos eróticos y fábulas de férulas. Una caja llena con mis peores vanidades, demasiado maquillaje, cremas de almendra, de bizcocho y de fideos chinos. Todo un guardarropa de valores, conflictos, religiones y culpas que no me decido a donar. Una tablilla de sonrisas; todas distintas. Todas las patologías psicológicas existentes en el mercado. Tablilleros enteros de calmas, dependencias, dependientes, consejeros y consejos. Un frasco de un sentido lógico que jamás me falla. Una aura verde y una sombra oscura al pie de mi garganta. Un grupo de duendes tardos que me causan pesadillas y me hablan en inglés. Un almanaque de libros provoca bostezos, libros provoca insomnio, termodinámicos o con forma de escupidera. Una cama rellena con poesía; dura, suave o dura otra vez. Una sábana con miedos sueltos. Una colección de cursilerías para gente valiente. Empapelados de caricaturas. Historias para niños. Infantilismos. Égidas para toda ocasión. Súper egos inflexibles. Un ángel de la guarda poco paciente y un rosario gastado. Un id malcriado. Una familia de locos. Budas sin barriga o con ella. Estatuillas de virtudes. Justicias con o sin venda. Refranes, muchos refranes. Un manifiesto sobre el daño del alcohol, cajas enteras de whiskey en las rocas o sin ellas. Dos colmillos en forma de espátula enmoheciéndoseme, pero solo dos. Pastillas resuélvelo todo, un manual sobre el hígado y un timbre que no uso de “Save the Planet”. Un cuarto lleno de latas que no reciclo, aerosoles perfumados y velas despide plomo. Purificadores de aire. Tengo miradas ajenas, propias y robadas. Guerras prestadas y tratados de paz sin firmar. Un médico para cada parte del cuerpo. Visitas por hacer. Nubes cuentistas. Perfumes esculpe personalidad. Accesorios define estados mentales, corporales y sexuales. Disfraces para toda necesidad. Silencios. Ruidos. Comentarios malintencionados. Palabras de bórax. Calma almas y quita sueños. Aburrimientos, entretenimientos egoístas, contradicciones y sabidurías escurridizas. Yoyes y sacrificios invisibles. Perfecciones imperfectas. Frialdades calienta mejillas. Verdades inventadas, dioses hijos de Dios. Demonios lastimeros. Tengo muchas cosas. Todas te las regal... pero... ¿a dónde...? ¡Cuidado con el...! (cataplum, y se lleva la puerta enredada). Ahora lo recuerdo, por algo es que tengo una alta muralla para que nadie entre aquí. ¿Dónde deje el frasco de pastillas para la memoria?

Quisiera

Quisiera

Quisiera tener más palabras con las que traducirme.
Escribirte un poema sin tropezar con imaginarios,
materializar este amor y enviártelo en una caja infinita
del color que tu prefieras. Desearía abrir mis pupilas
y dejarte entrar en los vasos sanguíneos dilatados a tu
nombre, regalarte mis manos para que extrañaras por ti
mismo tus formas en cada huella dactilar, ofrendarte
mi frente, aserrar mis sienes y dejarte husmear. Dejarte
mis sueños, los espejos, mis pensamientos, mi mirada,
el maquillaje, el diccionario de mis gestos, mi recato
y mi indecencia, mis temores, mis secretos, los pasajes,
los autores, las pinturas, mi hipotálamo, cada nombre,
cada sombra, cada beso, cada lagrima, todas las
modalidades del tiempo. Todo, quisiera dejártelo todo,
pero no puedo, debo conformarme con mover los labios
cada día y decirte burdamente que te quiero.

Discurso de Eva

Discurso de Eva Uno de los poemas más eróticos que he leído. Lo comparto.

DISCURSO DE EVA
Carilda Oliver Labra (Cuba)

Hoy te saludo brutalmente:
con un golpe de tos
o una patada.
¿Dónde te metes,
a dónde huyes con tu caja loca
de corazones,
con el reguero de pólvora que tienes?
¿Dónde vives:
en la fosa en que caen todos los sueños
o en esa telaraña donde cuelgan
los huérfanos de padre?

Te extraño,
¿sabes?
como a mí misma
o a los milagros que no pasan.
Te extraño,
¿sabes?
Quisiera persuadirte no sé de qué alegría,
de qué cosa imprudente.

¿Cuándo vas a venir?
Tengo una prisa por jugar a nada,
por decirte: «mi vida»
y que los truenos nos humillen
y las naranjas palidezcan en tu mano.
Tengo unas ganas locas de mirarte al fondo
y hallar velos
y humo,
que, al fin, parece en llama.

De verdad que te quiero,
pero inocentemente,
como la bruja clara donde pienso.
De verdad que no te quiero,
pero inocentemente,
como el ángel embaucado que soy.
Te quiero,
no te quiero.
Sortearemos estas palabras
y una que triunfe será la mentirosa.
Amor...
( ¿Qué digo? estoy equivocada,
aquí quise decir que ya te odio. )
¿Por qué no vienes?
¿Cómo es posible
que me dejes pasar sin compromiso con el fuego?
¿Cómo es posible que seas austral
y paranoico
y renuncies a mí?

Estarás leyendo los periódicos
o cruzando
por la muerte
y la vida.
Estarás con tus problemas de acústica y de ingle,
inerte,
desgraciado,
entreteniéndote en una aspiración del luto.
Y yo que te deshielo,
que te insulto,
que te traigo un jacinto desplomado;
yo que te apruebo la melancolía;
yo que te convoco
a las sales del cielo,
yo que te zurzo:
¿qué?
¿Cuándo vas a matarme a salivazos,
héroe?
¿Cuándo vas a molerme otra vez bajo la lluvia?
¿Cuándo?
¿Cuándo vas a llamarme pajarito
y puta?
¿Cuándo vas a maldecirme?
¿Cuándo?
Mira que pasa el tiempo,
el tiempo,
el tiempo,
y ya no se me aparecen ni los duendes,
y ya no entiendo los paraguas,
y cada vez soy más sincera,
augusta...

Si te demoras,
si se te hace un nudo y no me encuentras,
vas a quedarte ciego;
si no vuelves ahora: infame, imbécil, torpe, idiota,
voy a llamarme nunca.

Ayer soñé que mientras nos besábamos
había sonado un tiro
y que ninguno de los dos soltamos la esperanza.
Este es un amor
de nadie;
lo encontramos perdido,
náufrago,
en la calle.
Entre tú y yo lo recogimos para ampararlo.
Por eso, cuando nos mordemos,
de noche,
tengo como un miedo de madre a quien dejaste sola.
Pero no importa,
bésame,
otra vez y otra vez
para encontrarme.
Ajústate a mi cintura,
vuelve;
sé mi animal,
muéveme.
Destilaré la vida que me sobra,
los niños condenados.
Dormiremos como homicidas que se salvan
atados por una flor incomparable.
Ya la mañana siguiente cuando cante el gallo
seremos la naturaleza
y me pareceré a tus hijos en la cama.

Vuelve, vuelve.
Atraviésame a rayos.
Hazme otra vez una llave turca.
Pondremos el tocadiscos para sIempre.
Ven con tu nuca de infiel,
con tu pedrada.
Júrame que no estoy muerta.
Te prometo, amor mío, la manzana.

Discurso de Eva

Discurso de Eva Uno de los poemas más eróticos que he leído. Lo comparto.

DISCURSO DE EVA
Carilda Oliver Labra (Cuba)

Hoy te saludo brutalmente:
con un golpe de tos
o una patada.
¿Dónde te metes,
a dónde huyes con tu caja loca
de corazones,
con el reguero de pólvora que tienes?
¿Dónde vives:
en la fosa en que caen todos los sueños
o en esa telaraña donde cuelgan
los huérfanos de padre?

Te extraño,
¿sabes?
como a mí misma
o a los milagros que no pasan.
Te extraño,
¿sabes?
Quisiera persuadirte no sé de qué alegría,
de qué cosa imprudente.

¿Cuándo vas a venir?
Tengo una prisa por jugar a nada,
por decirte: «mi vida»
y que los truenos nos humillen
y las naranjas palidezcan en tu mano.
Tengo unas ganas locas de mirarte al fondo
y hallar velos
y humo,
que, al fin, parece en llama.

De verdad que te quiero,
pero inocentemente,
como la bruja clara donde pienso.
De verdad que no te quiero,
pero inocentemente,
como el ángel embaucado que soy.
Te quiero,
no te quiero.
Sortearemos estas palabras
y una que triunfe será la mentirosa.
Amor...
( ¿Qué digo? estoy equivocada,
aquí quise decir que ya te odio. )
¿Por qué no vienes?
¿Cómo es posible
que me dejes pasar sin compromiso con el fuego?
¿Cómo es posible que seas austral
y paranoico
y renuncies a mí?

Estarás leyendo los periódicos
o cruzando
por la muerte
y la vida.
Estarás con tus problemas de acústica y de ingle,
inerte,
desgraciado,
entreteniéndote en una aspiración del luto.
Y yo que te deshielo,
que te insulto,
que te traigo un jacinto desplomado;
yo que te apruebo la melancolía;
yo que te convoco
a las sales del cielo,
yo que te zurzo:
¿qué?
¿Cuándo vas a matarme a salivazos,
héroe?
¿Cuándo vas a molerme otra vez bajo la lluvia?
¿Cuándo?
¿Cuándo vas a llamarme pajarito
y puta?
¿Cuándo vas a maldecirme?
¿Cuándo?
Mira que pasa el tiempo,
el tiempo,
el tiempo,
y ya no se me aparecen ni los duendes,
y ya no entiendo los paraguas,
y cada vez soy más sincera,
augusta...

Si te demoras,
si se te hace un nudo y no me encuentras,
vas a quedarte ciego;
si no vuelves ahora: infame, imbécil, torpe, idiota,
voy a llamarme nunca.

Ayer soñé que mientras nos besábamos
había sonado un tiro
y que ninguno de los dos soltamos la esperanza.
Este es un amor
de nadie;
lo encontramos perdido,
náufrago,
en la calle.
Entre tú y yo lo recogimos para ampararlo.
Por eso, cuando nos mordemos,
de noche,
tengo como un miedo de madre a quien dejaste sola.
Pero no importa,
bésame,
otra vez y otra vez
para encontrarme.
Ajústate a mi cintura,
vuelve;
sé mi animal,
muéveme.
Destilaré la vida que me sobra,
los niños condenados.
Dormiremos como homicidas que se salvan
atados por una flor incomparable.
Ya la mañana siguiente cuando cante el gallo
seremos la naturaleza
y me pareceré a tus hijos en la cama.

Vuelve, vuelve.
Atraviésame a rayos.
Hazme otra vez una llave turca.
Pondremos el tocadiscos para sIempre.
Ven con tu nuca de infiel,
con tu pedrada.
Júrame que no estoy muerta.
Te prometo, amor mío, la manzana.

Sobre las palabras y Bernard

Sobre las palabras y Bernard Hubo un tiempo en que escribí con amor, paciencia y entrega de alquimista, pero ahora que ya he perdido la fe en los metales se me hace difícil escribir crisopeya, y que me guste. Las palabras me han abandonado, huyen de mi como de un delicuente con hambre, saben que con inocentes ladrillos se han levantado terribles ciudades, que una palabra a destiempo es peor que un cuchillo en las manos de un suicida. Y que se entienda que la suicida soy yo. Pobres, pobres palabras que me temen tanto como yo les temo a ellas. Fetiche horizontal. Atrofia. Afasia. Punto. No coma. No seguido. Nada. Nada de nada. Soledad. Vacío. Y ya sólo sé leer a los otros con esa sensación extraña de estarme viendo los poros tridimensionalmente. ¿Parásito tiene femenino? Se me perdió el yo: Qué puedo decirte a ti que vienes hasta aquí buscando un oasis y encuentras este desierto, el cielo anaranjado, el viento huraño y granuloso, esta triste fogata abandonada. No es una broma de mal gusto, es la realidad, un día desperté y encontré la habitación vacía, sin música, poemas o cuentos. Sin Nietzsche, Baudelaire o Kakfa: ¿Josefina el ratón aun existe? Entonces claro, uno se comienza a preguntar si esto era la vida. Y empieza a oír las historias de Don Bernard con más atención y se pregunta si Don Bernard es un eco del futuro. Y pregunta, pregunta a este hombre que con una alegre sonrisa elegante te contesta que la soledad es inevitable. -"Rodeado de gente, con hijos, ex mujer, amigos, tú, pero irremediablemente sólo". Y el miedo. Y este gusano que te observa.

Egoísta

Egoísta El calendario mal llevado, me guste o no, me forma el esqueleto, y junto con estos días de septiembre voy perdiendo costillas, ambos húmeros, los dientes. El arquetipo de la prostituta se columpia en mi garganta. Existen tantas formas de prostituirse. Sé que mi ser interior no es negociable y sin embargo... Recibiré octubre feliz pero echa una masa amorfa, esparcida, líquida. El carisma como un demonio gris baila sobre mis pupilas justificándome ¿Don o castigo? Y luego convivir con la máscara sin boca, con el aura que no miente, y el karma que se carga hasta el final de los días. La culpa es como una servilleta desechable, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Y bueno. Tengo que levantarme el ánimo, no perder el entusiasmo. Vivir. Cantar a todo pulmón esa canción de Alanis que a veces logra alegrarme:... "I'm a sinner, I'm a saint, i do not feel the shame"... y esta casa me muerde y a veces es como un castigo. Debo escapar. Buscar del mar, de la naturaleza. Salir de aquí con los ojos limpios de maquillaje y las muñecas hasta el antebrazo de brazaletes con dijes agitanados. Los días libres no son para perpetuar la esclavitud. Pero estoy cansada. Tan cansada que quisiera postrarme boca abajo en la cama y que una mano invisible acunara mis nalgas como las de un niño, y no abrir los ojos hasta dentro de una semana, que no me hable nadie, que necesito estar sóla, meditar, buscar salida a toda esta infelicidad de septiembre.
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Heredero

Heredero Un hombre se autoproclama mi heredero. ¿De qué sirven las sonrisas apagadas? ¿las miradas que no observan? ¿los cuerpos sin motivo? ¿De que sirvo yo muerta? Mujer de fuego apagado. Pero no entiende. Vestido de blanco no dice nada concreto, pero así como al azar intercala frases en clave morse con miradas que sólo yo comprendo. Hace uso del lápiz, hace el mapa de mi vida, exige estrategias y se hace la guerra. El belicoso tiempo nos va baleando miembros. Primero las manos, luego las piernas, el blanco más valioso es el pensamiento, pero aun no. Salgo a la calle y cien luces que dicen saberme iluminan mi figura de muñon en silla de ruedas, me muestran la ruta a seguir, por ahí no, por aquí sí, pero temo doblar en la esquina iluminada y perderme definitivamente (de mi/de ti). En una esquina el mundo se hinca ante mi y se me ofrece, delirio. En la otra el amor me llama a gritos que hieren mi oído. Doblar y perderme. Doblar y olvidar. Doblar y encontrarme. Un pensamiento rebelde me tortura ¿Y si cometo el error más grande de mi vida? Pero recuerdo que amo al hombre vestido de blanco. Recuerdo que tendré hijos, quizás dos, que envejeceré junto a él, que todo exige sacrificio y la vida... ¿Y si estoy cometiendo el error más grande de mi vida? ¿Y si no quiero hijos, ni familia, ni esa soga que me está cercenando el tobillo?

Mejor sería que terminaran de balearme el pensamiento.

Seca

Seca En contacto con mi piel, el ópalo se ha vuelto una piedra lechosa y seca. Sin fuego el borde de mi oído, el nicho en mi cuello, el broche sobre el chal negro y el anillo en mi dedo. Sin fuego y cansados todos mis miembros. Cansado, el vuelo en mis pestañas que continúa cayendo sin abanicar aquello que mis ojos buscan. Creando revuelo, tempestades, acariciando preguntas que no tienen respuestas. Acostada sobre la acera, no logro atrapar los últimos significados. La verdad se me escapa como una estrella fugaz, con cuya luz efimera hay que conformarse. Al otro lado de la calle, un hombre obeso predica el odio y pronuncia la palabra amor. Con una pierna de palo y la Biblia bajo el brazo, cojea haciendo círculos. Maldice a los homosexuales, a las madres solteras, a los ladrones y al PAM. Más abajo, justo debajo de un balcón adornado de luces blancas, otro hombre sueña con un futuro más bonito. Su presente es una morena de largas piernas y minifalda, pero no la ve venir, tampoco la ve alejarse. La morena avanza hasta perderse entre negras bolsas de basura. Mis ojos dejan de palpar horizontes. Aterrada, huyo de mi misma y de lo que me rodea. Mientras corro, cae una lluvia de estrellas fugaces, piedras lunares con fuego azúl y lágrimas, las mias. En el cielo, una compasiva Shekina se ve tentada a develarme el secreto. El silencio se llena de un suave perfume de lavanda y la noche de sueño. Alas transparentes abrigan mi tristeza. Y no pasa nada ¿o si?

Esperanza

Esperanza Del extranjero me llega tierra del Stonehenge tamaño viaje, sal negra para mantener a raya a los malos vecinos y piedras con formas fálicas que prometen enderezarme el aura sin esfuerzo. También un pinjante con forma de corazón hecho de angelite azúl fluorecente, ruidosos collares con cuarzos ahumados, cristalinos y violetas; huevos de jaspe de dálmata para promover el buen humor, raíz de angélica para purificar lo malo, polvo de sábila para incrementar lo bueno, inciensos de pacholí para encender la pasión y sodalita azúl para mejorar el chacra de la comunicación. Aquamarinas porque sí, algunas infundidas de oro, bolsitas para hacer mojos, resinas de todo tipo, jabón de castilla liquido, aceites esenciales todos, promesas como moleculas de oxígeno, recetas para vivir bien, y una esperanza que cavila.

Julio del 2005 y aún no aprendo a esperar.

Dias de lluvia

Dias de lluvia Afuera hay nubarrones custodiados por ángeles inconmovibles. Las lluvias de mayo amenazan con borrarme de la faz del planeta. Un Dios envenenado de ira hace amago de declararme la guerra. Dicen los viejos que esta paz que construí encimando mi infancia, está mal, está maldita. Que debo pedir clemencia, doblar rodilla, apretar cilicio alrededor de mi corazón hasta que este pare de latir al ritmo que quiere. Que el dolor purifica el pensamiento. Y tal vez sea cierto, y la duda del cómo vivir es lo más que me mortifica Y sin embargo aquí estoy, sombrilla en mano, sin un manual, pero conmigo misma, sin gracia, pero con religión; mi cuerpo a merced de las corrientes de este mes tempestuoso y huraño. Se desatan desplazamientos de terreno alrededor de mi, imagino rayos como torpedos inscritos con mi nombre. La agua fría me baña, y tengo miedo de morir helada. Sonrío pensando que habrán días mejores. Que el sol detrás del día gris está próximo a secarlo todo. Que los días hay que vivirlos vengan como vengan. Acostada encima de la sombrilla floto: ¿A dónde me llevará la corriente?

Pies

Pies Si me miras a la cara jamás sabrás. No verás las veredas cruzadas de señales ininteligibles. Los elfos sobrevolando un cielo púrpura y la señal de peligro en el primer cruce de la bóveda que es verde y no roja. No sabrás que me habita un conejo vestido de traje con un reloj en la mano y la promesa en la otra. Tampoco lo que significa perseguir un enigma con patas, buscar sirenas que no existen, huir del minotauro una y cien veces y que este siempre te encuentre. En mis ojos no verás la duda que es eterna, ni el dinosauro o la caverna que nos separa. No hallarás el reflejo de lo que en mi eres ni de lo que somos. Te engañará mi boca que sonríe, mi lengua que omite y mi gesto apacible de mujer sensata. Tendrías que mirarme a los pies. Los callos y los zapatos cerrados jamás mienten.
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Duda

Duda La verdad es frágil
como una fotografía.
Eneidas y medusas conviven sigilosas
entre ángulos y sombras;
los mitos y las mentiras
tienen forma real.
Perseo no acabó con la bestia;
sólo arrancó su cabeza
y nos dejó la duda.

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