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Ceshire

Sobre las palabras y Bernard

Sobre las palabras y Bernard Hubo un tiempo en que escribí con amor, paciencia y entrega de alquimista, pero ahora que ya he perdido la fe en los metales se me hace difícil escribir crisopeya, y que me guste. Las palabras me han abandonado, huyen de mi como de un delicuente con hambre, saben que con inocentes ladrillos se han levantado terribles ciudades, que una palabra a destiempo es peor que un cuchillo en las manos de un suicida. Y que se entienda que la suicida soy yo. Pobres, pobres palabras que me temen tanto como yo les temo a ellas. Fetiche horizontal. Atrofia. Afasia. Punto. No coma. No seguido. Nada. Nada de nada. Soledad. Vacío. Y ya sólo sé leer a los otros con esa sensación extraña de estarme viendo los poros tridimensionalmente. ¿Parásito tiene femenino? Se me perdió el yo: Qué puedo decirte a ti que vienes hasta aquí buscando un oasis y encuentras este desierto, el cielo anaranjado, el viento huraño y granuloso, esta triste fogata abandonada. No es una broma de mal gusto, es la realidad, un día desperté y encontré la habitación vacía, sin música, poemas o cuentos. Sin Nietzsche, Baudelaire o Kakfa: ¿Josefina el ratón aun existe? Entonces claro, uno se comienza a preguntar si esto era la vida. Y empieza a oír las historias de Don Bernard con más atención y se pregunta si Don Bernard es un eco del futuro. Y pregunta, pregunta a este hombre que con una alegre sonrisa elegante te contesta que la soledad es inevitable. -"Rodeado de gente, con hijos, ex mujer, amigos, tú, pero irremediablemente sólo". Y el miedo. Y este gusano que te observa.
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4 comentarios

Ceshire -

Max_modo_herido:
Que estas en otro pais en alguna cama caliente de Costa Rica, y para colmo llueve, y Cortazar a lo mejor no te basta para entretener soledades. Pero para eso te tienes a ti mismo que das para rato. Y para variar, te envidio, que nunca nadie me entiende el empeño de pasarme las vacaciones sin plan, ni caminata, ni tour, pero con libros y una cama de sábanas blancas y frías y un colchón blando. Y un ventanal enorme que me ofrezca el mundo en bandeja de plata. Lo de las palabras que me huyen no es metafora. Es en serio. Aunque tu no lo entiendas.
Besos verdes de calor, humedad, y los acentos al margen (para estar a la par: shhhhh... que no se sepa que es pereza)

Ceshire -

Pedrito, todos tus halagos, toda esta amabilidad que me regalas sin esfuerzo, todo este hilo de letrasypalabrasyfrasesycariños que tejes para mi, abrigo multicolor, todo-todo-todo te lo agradezco. Profundamente. Feliz. Y bueno, si fuera por quién vio a quién, tu sabes.

Te regalo una ramita de frondosas hortensias, azules, que me ha dado a mi con ese color.

Max -

No creo que las palabras huyan. No pueden. Son el resultado de tu vida y eso es imparable (en los casos como el tuyo, en los de las personas con talento para escribir).

Yo veo el desierto muy lleno de faraones dormidos (que no muertos. Me gustan los desiertos. Hay algo radicalmente verdadero en ellos, una especie de absoluto que se expresa con silencio y ausencia para quien no teme a la soledad.

Besos y calor desde esta lluvia de la que te he hablado.

Pedro -

Mi querida gata de la noche, tu producción se encarama a mi (poco) tiempo y apenas puedo gustar tus desayunos (ahora), tus cenas, tus deliciosos platos en los que nos leemos y esto me gusta.
Deliciosa escritora de los laberintos, tu prosa se estira y retuerce y busca y me atrapa y aquí estoy, afilando las alas y cerrando la boca después de leerte ensimismado.
Encontraste el truco y lo mantienes, nos mantienes aquí, boquiabiertos, embrujados y ¿qué nos dará mañana? Y mañana es ahora y te leo en cada surco, en los arañazos de tu prosa oscura y tan brillante, tan tuya que la guardo entre la ropa para mejor olerte y chuparte y saberte aquí, un poco mía, egoísta y febril –yo la vi primero, Max- (esas cosas de hombres, tú sabes) Estiro de un extremo de tu falda, escribe, escribe, me siento debajo de tu oreja, escucha, escucha, y te susurro que escribes tan bien...no, borra esto, te susurro, me permites que te lea tan de dentro, tan luminoso, que debo utilizar las gafas negras y aún así te veo (y en esa sombra de atrás, me veo). Gracias, bonita.
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