 Los escritores son todos unos seres melancólicos, embusteros y psicóticos. Con un dejo de aburrimiento flotando en el semblante y la habilidad de la serpiente para encantar el aire. Es por eso que encuentran premoniciones y esperanzas en ojos de barracudas de lenguas descaradas. Es por eso que imaginan ángeles amarillos en burdos dragones de mar con espíritu de alga. Sin que nadie sospeche, sin que nadie cuestione, la psicosis crónica de un vulgar diletante. ¿Mienten también los delfines?
 Ven, no dudes, refugiate en mi, yo sé que ayer pronuncié pestes y langostas, que conjuré el no, que mandé un angel augusto a custodiar mi puerta, pero tengo frío, y ganas de beberme tus ojos de noche y estrellas, de contestarle suspiros a tu boca de elipsis, de curar con masajes los nudos de tu espalda. Permite, cielo, que escurra con mis manos tu tristeza, que te borre el abandono y la intranquilidad de las piernas, que me coma la vacilación, el miedo y la zozobra. Permíte que te llene de elixires y bálsamos; de panaceas para el alma, unicornios y que ponga obsidianas detrás de tu almohada. Ven, que te guardo un concierto de caricias, un Bolero de Ravel sin tambores ni trompetas, el fin de un sueňo loco, un pecado que está a mi nombre, una legenda artúrica que no sé pronunciar. Mira que tengo fiebre de sacar a pasear tus dedos, y perderlos en un bosque de leopardos negros, y ay de ti si te conviertes en una bestia obediente de probidad imposible, fiera, ven, regresa a exigir mi cerebro embelequero, mi corazón turbado, mi cuerpo duro por tu indiferencia. Mira que estoy desorientada y no sé si maňana reuniré el corage para llamarte de este modo, a gritos, sin recato, orgullo ni prudencia, con la boca sucia de travesuras, jungla e indecencias. Ven que te lleno de atenciones y agasajos y estoy vestida de apremio en minifalda. Dulce amor, ruborizado, que no te atreves a tumbarte en mi saya, que me soplaste cristal y me creíste de aire, rómpeme, háblame con las manos, a piernas enredadas, en el sudor y el delirio. Mira que tengo ganas de despeinarme en ti, de perder la cabeza y encontrar otras partes, de quererte hasta el cansancio y que nos sorprenda la maňana susurrando intimidades bajo sábanas y selva.
 Un tiempo atrás, mucho antes de comprender algunas cosas, comprendía mucho más de lo que comprendo ahora; que las balanzas grises en mi cabeza dicótoma me muestran el equilibrio de una verdad obtusa que en mi limitación absurda no estoy apta a resolver. Y siendo el blanco algo negro: y siendo el negro algo blanco, resulta que al fin y al cabo no logro entender ninguno. Que ya lo dijo Machado, soy la bestia paradójica que aun conociéndolo todo se consume por la nada.  No sé con exactitud cuándo ni cómo, pero fue para cuando llegaron los artrópodos; esos taciturnos insectos melancólicos y cobardes que viven escondidos en tejados y en zócalos. No diré el nombre que me infestó de insectos y me dejó piojosa el alma de araňas y alacranes. Pero su mirada celosa aplacó un firmamento y una lluvia de Dracónidas Soledades. Desde entonces se hizo la noche, huyó Orión, Y por más que busco no encuentro ninguna de mis extremidades.
 Tengo miedo de convertirme en mar. De derramarme agua, sal y abismo sobre la arena augusta del azar. Miedo de echar a perder la música en un sol que despinta y desvencija. Terror de sondar las ganas y no hallar nada. Pesadilla de descubrirme inmesidad y océano, cielo, pez, desnudez, melancolía y horizonte. Y que las las voraces gaviotas me visiten.
 Dejar ir es muy sencillo, sólo hay que tener estómago, practicar el arte de aflojar los hilos, relajar los dedos, contarse bien las manos, desconfiar de los caminos de pan, las brujas y las aves. Y ser capaz de ver llover islas, espejos, personas y ciudades tras el vil cristal de una ventana de sal. Si, dejar pasar es muy sencillo. He soltado ya una jaula, siete besos, cinco casas, un perro, mi nombre y tres destinos. Pero temo para soltarte a ti, primero tendrían que comerme los pájaros del camino.
 Pirata En el corazón de vidrio cae hermética la noche y una barca de silencio navega un mar de cemento. Naufragos desfilan años; debutantes fantasmas de coronas marchitas y vestidos de domingo. Una niebla gruesa y fría cubre espejos y estrellas, nada queda, incluso ella se siente lívida bruma. Soplan arena y ostras y en humedad de nácar se derrama una tormenta que es desmán de perla. Torpemente se desata la odisea del pirata que se roba a si mismo.  Nostalgia de Navidad Yo te quería, aunque tú me quisieras menos; y fuera para ti lo mismo que un par de sandalias viejas. Tú en cambio eras esa frisa de siglos que fue tejida por alguien que se amó y ya no existe. No sé por qué te recuerdo pero lo hago a veces. Te dibujas en mi mente triste y distraído. Y se me llena el alma con la sensación extraña de que he perdido algo que jamás debió perdérseme. Un dedo, una mano, un brazo... o quizás más de lo que digo. Y una mañana tras otra alguien me sigue trayendo el mismo periódico gris pero con fecha reciente. En sus letras te imagino repasando con los dedos algún error de imprenta o una noticia cívica. Me pregunto cómo estás, si te han sentando los años; me conformo con saber si te han sentado, punto. La última vez que te vi estabas seco y distante. Claro que para entonces había en mi boca sarcasmo como no pensaste. Había un anillo en mi dedo y un sombrero en tu cabeza; ahora que lo pienso: qué final tan imperfecto. Aquel sombrero horroroso que yo te regalé; más triste y más perdido que Pablo sin San Bernabé. Y no es como si procurase recordar tragedias o conjurar finales descuidados. Ya quisiera yo evocarte inocuo y cortés; con sonrisa de feria y abrazo de coctel. Pero no es así y casi siempre lo que me asalta es la imágen de un hombre bueno pero mentiroso y cobarde. Como cuando un niño descubre que Santa Claus es su madre tu recuerdo me inspira desengaño amable. Pero así te quería y no importa que tú me quisieras menos.
 Artista: Alejandro Sanz Album: El Tren de los Momentos Canción: En la planta de tus pies Como un pacto sin firmar Yo no espero más de ti y tú de mí no esperas más es un pacto sin firmar en la planta de tus pies en el árbol, en la mar Como un pacto sin firmar yo no espero más de ti tú de mí no esperas más un pacto sin firmar en la planta de tus pies traes arena de otro mar te los limpio y me hago el loco y como si esto fuera poco antes roto que doblarme antes muero que dejarte Y no espero que seas nadie para mí no es importante yo no bailo con princesas pero te haré reina del baile estoy a punto de romperme porque me gustas con coraje mira que te lo advertí que te metes con quien no sabes ya te habrás dado cuenta amor que yo no hago cosas normales ven que no voy a cambiarte ni tu vida será otra yo te invito a este lugar donde el amor no se equivoca Ven que no voy a cambiarte ni tu vida será otra o ven conmigo a este lugar donde el amor no se equivoca como un pacto sin firmar yo no espero más de ti y tú de mí no esperas más es un pacto sin firmar en la planta de tus pies en el árbol, en la mar mira que te lo advertí que te metes donde no sabes ya te habrás dado cuenta amor que yo no hago cosas normales pero cuando quieras escaparte del cristal de tu escaparate ven que no voy a cambiarte ni tu vida será otra ven conmigo a este lugar donde el amor no se equivoca ven que no voy a cambiarte no quiero que tu vida sea otra ven conmigo a este lugar donde el amor no se equivoca ven, ven, que no voy a cambiarte ven conmigo amor ven conmigo a este lugar donde el amor no se equivoca que yo no voy a cambiarte no quiero que tu vida sea otra y ven conmigo a este lugar donde el amor no se equivoca Se equivoca ni tu vida será otra se equivoca el amor no se equivoca se equivoca...
 Un hombre me está picando el alma como escozor de ácaro en los ojos. El deseo de tenerlo ciega y excita. Aberración de amarlo o la facultad de sembrar dudas y recoger verdades. Certeza de querer aún morder la fruta, y tirar de las paredes los espejos.
 Por el momento no escribo, Un día se me apagó algo por dentro y ya no encontré al duende tardo que me dictaba los cuentos ni la lacónica queja del poema. Desde entonces me dedico a dibujar la proporción única de cada cara, a pintar mis sueños, a coser almohadones y faldas y ver crecer plantas en mi balcón. No me quejo. Sublimo igual, pero de una forma más inofensiva, más privada, es decir más mía. Ultimamente leo, los leo mucho. Ustedes son lo que me queda de la urgencia de letras que un día tuve. Bueno, la que aún tengo, estas cosas no mueren, simplemente dormitan. Gracias por inspirarme.  Descuido Quizá olvidamos tocarnos explorar lugares nuevos en donde aletargarnos. Recabar los muslos, exigir los hombros, notar la mano fatigada que demanda el respiro de un beso con lejía. Un beso que borre, que purifique, que escurra la amargura de vivir como una hormiga. Se nos pasó remendarnos, zurcirnos lo roto a lengüetazos limar los ángulos de la cavilación, amarnos como si no existieran más días en el calendario o la mortal excusa del mañana. Que dos pesos perdonan un peso pero el corazón no se conforma con depósitos a destiempo. Dime amor, ¿De qué nos sirven los sueños si se han comido otros sueños? ¿De qué la idea peregrina de más sábados, más domingos si hemos perdido la ilusión de ser nuestra propia isla? Mira que hay plantas hermosas que mueren por falta de agua Y la aventura al arcoiris es una vulgar ironía si se estrechan los caminos si queda disperso el tesoro.
 Colgadas de redes llegan tus palabras. Siniestras còmplices del extraño cariño que teje una araña.
 Detrás de mis párpados hay un mundo virtual donde todo es posible y el hombre de Nicanor Parra se pasea con el gato al que la curiosidad no mata. Existen tus manos y las mías sondeando el infinito como agua... Sabes, ese espacio vacío entre una pestaña y otra es también inmensidad donde crecen sueños de secretas melodías e impúdica inocencia. Allí el amor es un prisma sin defecto de fabrica, y en un sólo átomo se estiran siete universos y siete verdades de egoísmo que no daña. Si pudieras asomarte las cosas que encontrarías.
 Detrás del Atlántico por el Poniente, existe el sol en una cajita verde; Existe el Hermes de Pandora: el inexplicable desvario de un deseo prófugo.
 Tras la puerta con llave en algún punto de la bóveda quedaron todos mis amores: soles, lunas, dolores, que no volveré a pronunciar. La noche perdió su fondo y un silencio nuevo, hiedra me pulverizó ceniza. Soy un fenix que no medra en eterna combustión. Esto es el luto boca abajo del orbe que se resiste.
 Las estrellas son sólo luces ocultas detrás de la noche. Las pasiones de este mundo sólo sirven si se juegan a merced del quedirán. Los mares y las ciudades no convergen en los astros que brillan a mil años luz. No existen estrellas fugaces; sólo deseos en fuga, y los mitos son dioses lúdicos, con forma de constelación. Dios, arriba; nosotros, abajo. -“Y llueve sobre mojado”.
 I Hay una mujer azul cogiendo olas montada en las agujas de un reloj suizo; llora, y su mar cada vez se hace mas grande. II
No hay lugar en las urnas para los mares muertos. Una ciudad fúnebre se alza de entre las dunas: ¿Dónde descansarán los huesos de la memoria? No nacerá vida en donde pena la muerte.
III Aun el mar le dio agallas a sus hijos.  A veces todo esta jodido. Si alguien sabe como cambiar un puto teclado de ingles a espannol o como hacer que acentue, por favor ilustreme.  Podria escribir diez mil cosas Sobre amor, dolor y vida; mas mi lengua entumecida, mas mis manos que no vuelan, mas mis ojos que no lloran, mas mi alma que no ama, y un amante que me absorbe, me niegan tal desengaño.
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Ceshire
El mar tenia un olor sencillo, pero al mismo tiempo grande y singular, por lo que Grenouille no sabía si dividirlo en olor a pescado, a sal, a agua, a algas, a frescor, etcétera. Prefería, sin embargo, dejarlo entero para retenerlo en la memoria y disfrutarlo sin divisiones. El olor del mar le gustaba tanto, que deseaba respirarlo puro algún día y en grandes cantidades, a fin de embriagarse de él. Y más tarde, cuando se enteró de lo grande que era el mar y que los barcos podían navegar durante días sin ver tierra, nada le complacía tanto como imaginarse a sí mismo a bordo de un barco, encaramado a una cofa en el mástil más cercano a la proa, surcando el agua a través del olor infinito del mar, que en realidad no era un olor, sino un aliento, una exhalación, el fin de todos los olores... El Perfume, Patrick Suskind.
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