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Ceshire

Sonánmbula

Sonánmbula

“...las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas”.
Romance sonámbulo. Lorca.

El miedo oxida las yuntas
de mis balcones endebles.
Cavilo, sonámbula
me meso en los barandales
con la mirada mansa
y el corazón vacío
de aquella triste gitana
resumando sobre el agua.
La luna, flaca
para no henchir las aguas
con su reflejo aciago
de Narciso negro.
Mi alma quiere y espera
como si me faltase algo.
Detrás del riso del mar,
Sin embargo, solo agua.
De los enjutos barandales
se sostiene la esperanza
Que ya lo dijeron antes
Yo misma ya no soy yo
ni mi casa es ya mi casa.
El miedo oxida las yuntas
de mis balcones endebles.
Cavilo, sonámbula.

EN UN CIRCULO INFINITO

EN UN CIRCULO INFINITO

En un círculo infinito,
sordomudos se retan,
balbucean el idioma,
reinventan las palabras,
se corrigen, plomizos:
Todos tienen la razón,
y ella no tiene a ninguno.

Deja vu de amantes

Deja vu de amantes

Como siempre, llegas tarde.
Tan tarde que en la mudanza
casi olvido tu recuerdo,
los polvos en tu mirada
y el mar callado en tu aliento.
De no ser porque en tu ropa
reconocí aquel perfume
jamás habría imaginado
que eras tú aquella figura
desconocida pero eterna
escondida tras los ecos
indescifrables del sueño.
Te has perdido tantos años;
me he perdido tantos besos.
Nos hemos perdido ambos;
sin oportunidad de regreso.
Y lo sabes, y lo sé
mientras nos vemos de frente
húmedos por esas noches
que hoy jamás podrán ser días
Y nos miramos, cómplices,
besándonos en crisálida
aplazando caricias ya dadas
(vivos en otra dimensión).

HAMELIN

HAMELIN

Por más que toco la flauta
la vida avanza hambrienta
Como una plaga de ratones.
Robert Browning nos mintió;
Soy el queso de las bestias
Y me pudro.
2001@

Onda

Onda

Hay una onda que avanza
y se esconde entre la niebla
¿A dónde llegará?
Los años son como piedras
rebotando sobre el agua.
No sé si han sido veinte
O veinticinco o cuarenta
No sé si la turbulencia
que habita los siete espejos
es causa mía o de otro.
Los años son como piedras,
los compro al por mayor
en las tiendas de discos
bajo el titulo de Billboard.
Por las pupilas dilatadas
se me escapan: sé y no quiero.
En las nieblas del desvelo
se me asustan: Ignoro y quiero.
Los ángulos que me invento
para encallar ansiedades
se inclinan vertiginosamente
y amenazan con no ser.
He creído y he soñado,
he dudado y he dudado,
he perdido y he ganado,
y continúo dudando.
Los años son como piedras
rebotando sobre el agua.
No sé si han sido veinte
O veinticinco o cuarenta...

El tímpano de Dios

El tímpano de Dios

Aquel que coño se habrá creído. Mira que andarme mirando de esa manera. Que no se ha dado cuenta que yo soy una mujer decente y que a las mujeres decentes no se les mira el culo. Ay Virgen santísima pero que fea esta la mujercita esa. Parece un palo con peluca. La pobre es todo pelo y esqueleto. Y con el maridito que trae. Si parece que se le fuera a caer el dedo por el pedrejón que le han puesto de sortija. Total. A lo mejor ni es de verdad. Pero con la pinta de billete que trae el tipo y con la sedita que luce la mona, de seguro si lo es. Hola Galán, no te ocupes, se puede entender que mires pal’ lao en tus circunstancias. Ay Virgencita del alma horita la mona clenca me deja la manopla de brillantes que tiene por sortija anclada en la frente y éste y sus tenis de oro ni se dan por aludidos. Y tu Barbie de que concurso de belleza saliste pa’ andarte mirando a uno de la cabeza a los pies. Me has de estar mirando los zapatos, de seguro te conoces el especial en el que me los saqué. ¡Pero bueno mujer! Preocúpate de las lentejuela rosadas que luce el volante de la camisa de payaso que te pusiste con aires de modelito esta mañana y deja de mirarme las uñas de los pies. Sí Barbie. No me las he pintado. Tú no eres ningún billetito nuevo tampoco para andarte de comemierda. ¡Descará! Encima me sonríes. ¡Hola lindura del libro! Tan solito sentao en ese banco. Hay que joderse. Zona de fisgones. Mamichula la madre que te parió so irrespetuoso. A ver si te entretienes mirándole el culo a tu abuela. Y con lo gorda que estoy, horita no va a ver mucha diferencia entre tu abuela y yo. Que zapatitos tan monos esos en la vitrina. Tenían que ser de esta tienda que es tan cara y yo sin el capital. Si mijito no te apures que si me hostigas desde ahora no te voy a comprar na’ ¿Y a Madame Bovauri, quién le dijo que ese peinado le quedaba bien? Hay que ver como la gente se autodestruye con ciertas modas, como diría Junito. Mal peinada es como voy a dejar a Luz la próxima vez que la vea. Desgraciá. Mira que andarse metiendo en mi vida y andar sembrando cizaña entre Junito y yo. ¡Claro! Si ha vivido to’ la vida enamorá de él. Se acabó Maritere, de ahora en adelante no mas amiguitas de confianza. Escriben tu diario y después se lo publican a tu novio. Coño. Si hoy día no hay gente decente. Y yo tan boba que no le dije tres insultos cuando la vi almorzando con Junito el otro día en el hospital. -Le estaba contando a Junito que te regañe, estas muy terrible amiguita. Es peligroso que salgas sola en las noches. -¡Ay si casi escucho su vocecita de mosca perturbada! ¿Qué se debe estar pensando Junito ahora de mí? Qué salgo todas las noches sola. Amiguita de mierda que me gasto. Si no fuera porque Junito es tan pendejo ya me hubiese dejado por culpa de ella. De que se amargó con el comentario se amargó. -¿Ah si Mari, y que salidas son esas? -Y yo con un taco explicatorio. Coño Mari porque siempre te sale tan feo mentir. Tienes que ser natural, lucir segura, no tartamudear con un -Es que tuve que salir de emergencia el otro día a consolar a Yoelis al bar.-- A Luz le preocupó que te fuera a suceder algo. -Ganas es lo que tiene la descará de que me pase algo y le deje el camino libre con Junito. Si no fuera porque no soy celosa, hace rato le hubiese puesto un “pare” a la relación amistosita que sostienen. ¿Y esos abrazos que se dan? ¿De que peliculita norteamericana de libertinos se los sacaron? Ay Barbie, tú y tus brillos de nuevo. Ese cuerpo no te lo vi horita. Y yo con estos chichos que he echado. Mas me vale ponerme al día. No mas dulces, no mas cochifritos. Solo faltaba que la patiflaca de Luz me quite el puesto. ¡Eso es Maritere! Si ya el problema con Junito esta resuelto. Esta noche, cuando Junito te llame, te vas a poner celosa de Luz: eso si te llama, porque como están las cosas es capaz que ni lo hace. Claro que me va a llamar si esta loquísimo por mí. Cuando lo haga le voy a formar una escena de celos. Junito tiene que saber que la patiflaca hizo ese comentario para jodernos la vida a ambos porque esta enamorá de él. ¡Tan hija de la Gran puta, tan mamona, tan mosquita muerta! Cálmate Mari que te me pones colorada y aquí en la tienda se van a pensar que estas al borde de un ataque cardiaco o que eres loca. Y tu muchacho, horita era que me hostigabas y ahora que la mona con peluca es más importante que yo. Ay Dios mío, me voy que no puedo soportar este espectáculo. Este hombre tan galante para tan horrenda mujer. Ay Maritere pero tú si que eres mala. ¿Y qué culpa tiene la mona de ser fea, esquelética y haberse llevado el premio del tipo que tiene al lado? Esta sonrisa que te echo monita es de disculpas, porque soy mala y capaz que por eso Dios me manda la maldición de que me quede yo sin Junito y se lo regale al hueso de Luz ahora que se confabulan mis chichos para hacer propicia la situación. Ay monita de seda y todavía me respondes con sonrisas la hipocresía. Que vergüenza la mía chica, yo mirándote al marido y tú tan cordial.

******

Y esta gorda que me sonríe, que mosca le habrá picado. ¿Será lesbiana acaso? No me quita los ojos de encima desde que entró al mall. Parecería que me está persiguiendo. Hoy día la gente está tan loca y liberada que no me extrañaría nada que así fuera. La pobre tiene una cara de pervertida.

-La chica de negro no cesa de mirarme.

Y a ti quien te va a mirar hoy chico con lo desgarbado que has venido al mall. Siempre tan mal puesto hombre. Te miran los empleados si acaso con miedo de que te robes algo.

-No la veo mirar a nadie Alberto, ya deja la paranoia, siempre piensas que el mundo te observa.

El silencio cotidiano, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9. 10... habla Alberto, di algo por Dios, aunque sea quéjate por la manera en que te trato. Es desesperante tener conversaciones de dos oraciones. Siempre es lo mismo y ya me estoy cansando... muy ocupado en advertir cien cosas, pero ni siquiera se ha fijado en el traje de seda que me compré para complacerlo en su fantasía de lady in silk. A la verdad que la gorda del trasero cuneiforme es persistente. No me gustan las mujeres, lee mi mirada. No seas tan severa Sofía, la pobre a lo mejor te admira. El que admira es porque mira y el que mira mucho es porque tarde o temprano desea tocar. Ay Sofía a la verdad es que tienes esa mente enferma. Enferma me tiene Alberto, como veo la cosa tampoco habrá espacio para fijarse en la ropa íntima combinada con los zapatos de tacón alto que me tarde tres días en escoger y el se tardó un minuto en sabotear con su Rodman look y su cara de cansancio. Tal vez la lesbiana de negro sea mas agradecida que él. Los pervertidos siempre lo son. Ay... pervertidos como Julio... Basta Sofi que tú eres una mujer casada y capaz que después se te zafa su nombre. Y tu Alberto porque me miras tan extraño, tal parecería que leyeras mi mirada. Que mucho se tarda este chico en traer un par de zapatos. Por eso detesto esta tienda, el servicio es muy malo y te das con cada gente. Que peinado tan mono trae la cajera. Se parece al que me hizo una vez Michael, le voy a tener que decir que me lo repita en mi próxima cita. ¿Me dijo lunes o martes? Contra Sofía donde tienes la cabeza. Pero este Michael también tiene la culpa de mis despistes, me trae loca cambiándome las fechas. Si le tengo dicho que me reserve las mañanas de los miércoles y los domingos, cual es su empeño en complicarme. Voy a tener que hablar seriamente con él, peinarme no es lo único que tengo que hacer en la vida. El cambia cambia suyo me tiene la semana en tres y dos.

********

Muchacho acaba y tráele los zapatos a Sofía que mi mujer tiene de todo menos buen carácter. Tiene un geniecito la estrella de cine. Pero para una piedra un martillo. Alguien le tiene que poner fin a sus despilfarros, últimamente no hace más que gastar y gastar. Esta bien que se dé sus lujos pero no que sea prodiga. Pelo, uñas, zapatos, masajes, ropa y faciales es en lo único que piensa. ¿Juan habrá cerrado la cuenta ya? Mira que si nos vuelve a fallar no sé si pueda salvarlo. Felipe ya me advirtió, si el chico no da el grado vamos a tener que prescindir de sus servicios. Caramba, este Felipe nunca tuvo 25 años, ¿Habrá nacido con canas de sabiduría el César?. Te quedan horrendos los zapatos Sofía, por favor no me digas que no lo vez. Tanto precio para tan extravagante trafaleria. Claro que se dan el lujo los diseñadores de tan ridículo trabajo, siempre hay alguna Sofía dispuesta a quebrar al marido.

-Porque no te mides estos, me parecen un poco más sobrios, mas finos, mas...

-¿del montón?

-No querida, lo que pasa es que me parece que combinan mejor con tu guardarropa.

-Por eso Alberto, te parecen más del montón. Tráeme estos también. A mi marido le han gustado y no hay porque no complacerle.

Me cago en ti Sofía, siempre tan mordaz e inconsciente. Carimba. Me he salvado con esta chica tan horrenda que no cesa de mirarme. Carajo está bien. Le pido perdón al universo por haberme vestido tan ridículo hoy. Sofia tenía razón, debí haberle hecho caso esta mañana. Necesito salir de este lugar, me siento el hazme reír. Todo esta bien Sofía, tu sigue pidiendo zapatitos con pintas rosadas que para eso somos millonarios. ¿Y tú, amigo, que le vez a mi mujer? Mírale las piernas a tu madre. Como está el país de podrido, ven a una mujer guapa y ya le quieren caer encima a ella y al marido. Esto es Sodoma, Juan cierra el trato por Dios que no quiero tener que despedirte. Hazlo por tu padre. Que a su vez me pidió lo hiciera por ti. Mujerzota de negro, deja ya de hacer juicio de mis fachas. ¿Y esta rubia de que carnaval se sacó las lentejuelas?

********

Hmm. Nos encontramos de nuevo chica en piel ¿En donde habrás comprado esos zapatos? Tu tan guapa y yo tan sola. Deja de mirarme viejo verde, estas acompañado por Medusa y a mí me gustan las mujeres.

********

Y se confundieron las voces en una maraña gris que sólo Dios, por ser Dios esta apto a escuchar. Por eso no creo en adivinanzas ni en sueños, ni en brujerías ni psíquicos. Primero sordo que loco. Junito relájate. Junito no escuches. Junito ignora y vuelve a tu siesta sin llamar a Mari no vaya a ser que el sonido del empleado incompetente de una tienda de zapatos te obligue a a la paranoia de creerte tus sueños. ¿Qué dirá Luz de todo esto? Que estoy chiflado, y que en las noches autojustifico mis actos. Luz tan psicóloga, Luz tan fácil, maldita Luz, pobre de Mari. No no se me cierren ojos. Debo analizar todo esto antes de que se me olvide... que ricas se sienten las sábanas frías sobre mis cálidos pies. Horita lo analizas, después de todo, estas muy cansado y la tarde es larga. Mari Mari estoy obsesionado contigo, me quitas la calma Mari. Mari no me dejes. Mari no te vayas a bailar más en las noches. Mari no lo mires. Mari no me engañes. Mari no te enceles aunque tengas razón. Luz no me hables de ella. Luz no me busques, Luz no me muestres el comienzo de tus senos. Luz traes el botón suelto. No seas indecente Luz. Luz no existas. Senos expuestos no existan. Dios no existas. Mari no pienses. Junito vive tranquilo, todo fue una pesadilla Junito, cierra los ojos, olvida, perdona y duerme.

LOS AMANTES DE MAGRITTE

LOS AMANTES DE MAGRITTE

Hay una manta
cubriendo
nuestro pudor.
A ciegas,
nos tanteamos
el gesto.

Tu lengua,
no puede sorberme.
Tus labios,
son una marca
timbrada en mí,
a secas.

Con ansiedad,
nos intuimos
la humedad.
Nos olemos
a sabanas limpias
y perfumadas.

Tras la ventana,
la noche
nos reconoce,
amantes
del traje
y la moralina.

El que nos pintó,
no sabía
lo que hacía.
Arranquémonos
las sábanas.
Amémonos con la piel.

Queja nocturna fragmentada

Queja nocturna fragmentada

La oportunidad es calva
--Refraneo popular

Escribiré que Nimue
contonea sus cabellos
sobre el cinturón de luces
de un país dormido.
Que guiña un ojo y se aleja
transfigurada en un gato de pelaje breve.

Diré que ella huye
aunque sea yo quien no la alcanza.

Que quisiera ser curva y flexible
como una banda elástica.
Reinventar el tiempo
no juntar más los párpados.
Que no cayera la noche
sobre el ocio de mis hombros
ni olvidara la palabra
que caduca en el trajín;
brega de pan y agua
y promesa de jazz nocturno.

Diré en fin lo yo quiera
aunque no le guste a nadie.

NO truncaré mi voz.
NO haré concesiones.
El arte se expulsa y huye
como los cuervos de Van Gogh;
el que lo pintaba todo,
el de los pastizales.
Que no termine yo dando
loas al discurso estético
que no termine rimando
villancicos de Rimbaud.

Suena el reloj y dan las doce
sobre mi reloj de plástico.
Nimue de los ojos niños
se enrosca sobre mi cuello
Estrés de las horas cortas;
nostalgia del tiempo perdido
en los nudos de Rio Piedras.

Diré que el jazz se vuelve pesado
como ruido de domingo.
No me importa si se entiende;
no me importa si entendió.
Me entiendo yo y eso basta;
me entiendo yo y quedo limpia
de subterraneos interiores,
y pájaros descocados.
Que hasta exorcisar estas líneas
me cuesta un centavo de dólar,
que hasta decir coño y quiero
me cuesta una mano transparente,
esperando, siempre esperando, qué, no lo sé.

PERFECCION

PERFECCION

Los enigmas existen
porque existen las palabras.
Detrás de cada pestaña
se alza un acto de magia;
en cada labio que pronuncia
se quiebran siete espejos.
Es mentira la tristeza
de la arena en la ampolleta.
Eva parió con dolor
para que a Dios le doliera
Adán sudó por que quiso
corretear los lagartijos;
convertirlos en serpientes.

La creación es perfecta.

AROMA NOCTURNO

AROMA NOCTURNO

Las ganas huelen a cacao y a semillas de café,
a infusión de té rojo y cáscara de naranja.
También a Old Spice, a semen y jabón Ivory,
socavando el aroma de las vides más agrias.

Un vaporizo de imagenes se ciñe al mutis del día,
como un escote profundo que adereza el silencio.
Tal vez esté condenada a reinventar aromas viejos,
vulgares y desabridos por naturaleza.

A través de la ventana una negrita gitana,
enarbola su faldón de luces refractadas,
pareciese que el deseo zozobrara en su nariz,
como un barco a la deriva esperando ser saqueado.

Quiero recordar las luces que incitaron el poema,
recordar la ola urbana de plancton fosforescente,
por cada luz una galaxia equidistante a la mía,
quisiera salir volando y rescatar la noche.

Entrar como Holly Golightly por la ventana de Varjak,
iniciar una historia de un impulso cotidiano,
encarnar en alguna de las mujeres de Viollet,
y reinventar el café avec de la nicotine.

Las ganas deben oler a ganas de aire despejado
a acritud de verde y papelón de anciano
Hoy la noche alisa el borde de un enorme pañuelo
y parece que perdiera la batalla Eros.

PREOCUPACION Y CULPA

PREOCUPACION Y CULPA

En el medio del Ártico
dos piernas en cubos de hielo
debaten sobre la existencia
¿Existirá el Caribe?

La Virtud

La Virtud

Tal vez, esta obsesión
de someter mi juicio
a triángulos perversos
de conceptos opuestos;
ha emputecido mi mente
y me he vuelto tan abierta
que las ideas me penetran
ya sin que yo las ame.
Y por querer ser justa,
no soy más que una puta
que disfrazada de virtud,
y con los ojos vendados
en lugar de una balanza
lleva un dildo en la mano.

Desde la casa verde

Desde la casa verde

Yo sé de la pasión
que habita las casas verdes.
Sé también de los michinos
que trepan por tus tejados
omitiendo el secreto
de tus ojos rasgados.
Sé de los perros que ladran
sin molestar al vecino
y de las noches sin luna
a oscuras en los vergeles.
Yo sé de los teleósteos
que ocupan tus caladeros
y de las letras que reptan
desde tus camaleones.
Yo lo sé y tú lo sabes;
desde tu pulso metonímico,
desde La Casa Verde,
desde tu agnosia angular.
-Desde ti y para ambos-.
(Escrito bajo el seudónimo de Victoria_Airot)

Hombre onírico

Hombre onírico

Tú te volviste sueño
en detrimento de un trazo.
Te empapaste de colores
y te tatuaste en los poros
de los brazos de Morfeo.
Te pintaste en mi sábana
bajo forma de mosaico,
te perdiste en el Austro
y te insinuaste surreal.
Me amaste en sueños,
te volviste mitógrafo
y aplazaste moratorias.
Me esperaste en páramos,
me besaste en el omaso
e inventaste bradilalias
(pero yo no te vi).
¿Soñamos de nuevo?

Inocencia

Inocencia

I
La intimidad del verso
se me atrofia en la garganta
como una extraña bacteria
que no logro exterminar
y la vida si no es vida
se me escurre entre los dedos
como la mala noticia
que no se deja editar.

II
Borré toda huella
para que nadie supiera
que cargo una pañoleta
repleta de miedos huerfanos
y a veces soy esa niña
que no supo ser pequeña
y se colgó del sueño
para apurar el tiempo.
Para ignorar al payaso
haciendo guardia en su clóset
como un demonio nocturno
con cara de morisqueta.
También al niño de ojos verdes
ensuciandole la lengua
contra el boletín de anuncios
de una verbena de escuela.
Borré todo incluso el nombre
de aquel chiquillo gigante
que me corrió tres cuadras
jurando que iba a matarme.
Aquella niña foránea
descorriendome la falda
mientras cruzaba las piernas.
e investigaba mis bragas.
Borré a Morahima sangrando
frente a la acera de Clara
intercambiando silencios
por dulces de avellana.
Y así sin mucho aspaviento
de eso que llaman niñez
fui cortando pietaje
fui editando los dolores
hasta que quedó solo un roble
con mirada de mujer.

(Escrito bajo el seudónimo de Victoria Airot)

El ejecutor

El ejecutor

Perseguía.

Víktor Faikenblat llevaba dieciocho días y trece horas midiendo, estudiando, observando: de estratega; más, de ejecutor cuidadoso, de guantes blancos, sigiloso, sin dejar ni a sol ni a sombra, pero, entre ambos. Esta vez el blanco de su dedicación se llamaba, Ana Rosa, y se apellidaba, Rosa; dulcísimo detalle la cacofonía que provocaba en ella, ese, su apellido, aunque no así de dulce su corriente genealogía; "Rosa" era un apellido sin historia, ordinario, híbrido; cosa que lo desalentaba en su empresa romántica. Sin embargo, la flor, -como prefería Viktor llamar a Ana Rosa-, compensaba aquella falta de abolengo con la cualidad de excelencia que exudaba su piel cobriza de reina antillana y la calidad sin igual de su cabello indio, dócil, como un mar de castañas planchado sobre su espalda de Partenón. La flor, era la excepción al buen gusto: llevaba con escandalosa elegancia las peores trafalerías; en ella se refinaba la arrabalería de una zirconia en la nariz, y se mitificaba el horror de un lunar rojo a mitad de la pantorrilla. Aquella mujer era una controversia, una rosa gris, nacida de un pámpano, un buen par de labios finos, rojos, húmedos, de ángel y unos ojos que eran dos lunas gigantescas, de sombrilla, oblongas, rubias, aunque bueno, Víktor Faikenblat nunca se los había podido escrutar bien, porque la flor era de las que bajaban los ojos ante cualquier provocación de hombre, cosa que era buena para Víktor, facilitaba sus planes, lo volvía a él, invisible; y a ella, una casa abierta, toda llena de tesoros, de luces encendidas; y él, su noche, obscura, siniestra, reinventándola: le cambiaría el apellido a "De la Rosa", que era más sofisticado, y algo más, pero bueno, ya habría tiempo para mirarle los ojos a la flor, para cambiarle el nombre, para admirar el envalentonado lunar rojo, ahora era tiempo de investigación: quienes la frecuentan, cuándo se queda sola, qué come, este detalle era importantísimo, lo excitaba, qué comía, cómo comía, a qué hora, que cara ponía al echarse con aquellos dedos de uñas cortas algo a la boca: ahora que lo pensaba, nunca la había visto comer, la flor parecía ser como los pájaros más frágiles, solitarios en estos menesteres, de estómago delicado, Víktor Faikenblat tendría que dormir en su tejado, a expensas del mal tiempo, debería colgarse de los aleros de su casa como los murciélagos y esperar paciente si quería verla probar siquiera agua: entonces, el líquido, o lo que fuese, bajaría por su delgada garganta y aquello sería sublime, a ella le gotearía saliva la boca, haría un leve gesto femenil con los labios, él tendría una estupenda erección, se le pondría la piel de gallina: los bellos de su barba en pie de guerra lacerarían su piel; se le haría imposible la amenaza del orgasmo, tendría que masturbarse y luego el ruido; y los vecinos: escopeta en mano; y la flor, cerrando todas las ventanas, pajarillo asustado, pasando todos los pestillos; Ana Rosa De la Rosa, cada vez más lejos, y sus dedos de alfeñique ahogando los botones del teléfono con quejidos de susto: -policía, policía-. Y llegarían los uniformados, y Víktor recibiría la paliza de otras veces, y finalmente, la flor-ángel, quedaría fuera de alcance: aquello no podía ser. Debía tener cuidado, recordar a la numero 34, sufrir en la memoria sus cabellos azabache pidiendo a gritos ser tocados, la piel de bizqué, el cuerpo redondo, la policía alemana entrando en escena y la número 34, triste, tristísima, gritando: "Es él, es él", pero en el fondo, y como todas las otras -y esto era lo que más le dolía a Víktor Faikenblat-, esperando la embestida final; paciente al último acto, las piernas de leche, devotas, entregadas a él; y las esposas en sus manos, el crimen de la impotencia, y 34, defraudada, tan enamorada, esperándolo aún, en algún lugar de Alemania con sus piernas aún abiertas, su cabello negro derramado sobre sus grandes pechos de amazona, una mueca de ansiedad, parecida a la que exhibía él, ahora que la recordaba: exilado, escondido, escapado, lejos, lejisimo, en medio del Caribe, con un español forzado y con una erección dolorosa, y era todo a causa de ella, pero bueno, hoy no era un buen día para recordar a la número 34, hoy era un día para poner empeño en la número 105. En observar el bamboleo de su camisa blanca sobre sus suaves formas: ¿Adónde iba hoy? ¿Por qué llevaba tanta prisa? Casi se podía apreciar la piel de aquella espalda broncínea, si tan sólo se estuviera quieta: ¿Cómo era que jamás le había logrado ver la parte alta de la espalda? Aquel pelo indio eternamente derramado sobre ella le impedía... Y lo miro. De la Rosa, volteó su cara, circunspecta, y le dio una mirada cautelosa, respingada, avispada, extrañamente oscura, ajena. Se nubló el cielo, sopló el viento, el cabello indio, acróbata, se columpió, hizo una graciosa pirueta, y cayó sobre sus hombros geométricos, dejando al desnudo el vivo tatuaje de algo que no se entendía bien: ¿Eran un par de aves? ¿Un par de alas negras? ¿eran formas sin más? ¿Qué era? Algo refinado sin duda, lo llevaba ella, y Viktor sintió la excitación de la duda subiéndole por las piernas, circulándole hasta las manos, sonrojándole la cara, vino la oscuridad a nublarle la conciencia, se esforzó por no caer, esta no era la primera vez que sufría un mareo repentino a causa de la excitación, se apoyó del mirador de "Heavenly" unos segundos, rogó a Dios para que todo pasara rápido, rogó a Dios.

Para cuando abrió los ojos la flor se había marchado: ¿Adónde?, una punzada en la sien y ya no importaba, ya habría tiempo para acecharla, de repente se sentía muy mal, cansado, viejo, se movilizó hasta su casa, arremetió ansioso contra el picaporte, necesitaba dormir, abrió la puerta y por primera vez le molestó el desorden, las fotos empapelando de números con sonrisas apagadas sus paredes. Le dio nauseas el olor a morfina, los periódicos en el suelo, las tijeras, las latas de comida, las malditas bolsas negras llenas de basura de meses, goteando hormigas enfiladas hacia él; -Por Dios, Viktor eres un cerdo-, -yo solo quiero dormir-, nuevamente el mareo, dejarse caer sobre las paredes, esperar.

Esperar.

Perfiló sus pasos hacia la habitación, atravesó el pasillo de libros abiertos, zapatos sin pareja, alambres, ropa hedionda, entonces la sangre, los insectos, la caca fermentada hasta los límites, los vasos de agua por todas las esquinas, tal vez el grito moribundo de alguno de sus números-amantes, el recuerdo de 34 aterrada: "Es él, es él", el peso de la vida, sus 48 años. Llegó al marco de la puerta de su habitación, se sintió aliviado, este era el único lugar en donde no permitía el desorden, cerró la puerta con un golpe fuerte, recorrió a ojos cerrados la oscuridad de la habitación, atinó a encender el aire acondicionado, hacía más calor que nunca, se recostó en su cama, cerró los ojos, pensó en De la Rosa, la numero 105, la del cabello indio, y no pudo recordarle la cara. Abrió los ojos, asustado, algo no estaba bien, siempre había tenido los números y las cuentas bien claras. Escuchó que algo se arrastraba debajo de su cama, una risilla de duende salpicó sus oídos, lo recorrió un escalofrío, quiso levantarse pero una mano de mujer, o de hombre, o de duende, le impidió el movimiento; lo voltearon, una mano gigantesca, o mil manos gigantescas, lo forzaron a permanecer de espalda. A puño cerrado, hasta el brazo, una mano de piedra lo sodomizó sin contemplaciones, desgarrándolo, gritó fuerte, lloro, -maricones, malditos maricones-, y el silencio, y el sudor frío encharcándole las facciones, y luego sintió otra mano, y otra mano, y otra y otra y otra, y cada vez mas fuerte, contó hasta ciento cinco con gritos desgarradores, y luego sintió un cuerpo de hombre, claramente, aquello era un hombre, enorme, no, aquello era una bestia, trepándosele encima, y penetrándolo, sudando sobre su espalda, gimiendo, riendo, gritándole obscenidades, y él, llorando: "quítate, quítate". y el líquido escurriéndose por sus nalgas y otro hombre, y otro hombre, hasta ciento cinco en charcos vizcosos: -Ya no merezco vivir-, y mientras lo decía, sintió que se alivianaba el peso sobre su espalda, y pudo ver claramente un muslo de mujer resbalando de la cama, luego vio el cuchillo entre los dedos de uñas cortas, las alas negras naciendo del omoplato; eran alas, el lunar rojo, la sonrisa torcida: -Viktor, eres un cerdo-. Y todo se le hizo negro.

Los hambrientos

Los hambrientos

Septiembre 02 de 2002

Ella se volvió caníbal porqué leyó de un científico que experimentando con anélidos probó la teoría cuántica. Todo lo que existe, lo que existirá y lo que existió está hecho de no-materia: los pensamientos y el conocimiento incluidos. Deepak no era un excéntrico loco después de todo. Y pensándolo y repensándolo se volvió psicótica, pero antes de hacerlo (volverse psicótica), se dedicó, muy a lo Santo Tomás de Aquino, a recrear el experimento, y vio a boca hecha agua que las conclusiones de W. Walton eran ciertas: los gusanos aprendían a través de impulsos eléctricos que no debían reptar hasta el lado con tierra y una vez convertidos en polvo e ingeridos por una segunda generación de anélidos transferían este conocimiento de supervivencia a la nueva generación, que a modo de milagro metafísico no se arrastraba ni por casualidad hacia el lado color tierra del cuadrilátero en donde la generación anterior hubiese recibido terribles choques eléctricos. Nuestros alimentos no sólo nos nutrían fisiológicamente si no que nos dejaban también su historia personal, su conocimiento, nos lo dejaban todo, y recordó que por eso era que los indios Caribes se comían únicamente a las víctimas que se resistían: a los guerreros valerosos: a los que tenían algo bueno que dejarles. !Eran sabios los Caribes! Por eso Silvia se volvió caníbal. De eso hacen hoy siete años y no es casualidad que el país esté de mal en peor: Silvia, la terrible Silvia, se ha comido todo lo que vale la pena comerse en este país; esto se está volviendo un club social con exclusividad para abogados y políticos: ya no se consigue carne de donde cortar. ¡La Silvia tiene un apetito voraz y carece de conciencia ecológica! Recientemente, ha hablado a los diarios de mudarse a Europa a continuar sus “estudios científicos”: no sabe que sé: no sabe que estoy tras ella: no sabe que en este mundo no hay lugar para los dos.

-W. Walton, hijo

REMANSO

REMANSO

Eres tú el remanso
donde fallece mi ansia.
Deja amor que me tumbe
en tí como en una hamaca
abrazada al tejido
de la piel de tu espalda.
Déjame que descanse
en el edredón de tus nalgas,
a la sombra de tu barba,
en el guiño de tu ombligo;
tras el bullicio del día
ser también yo tu tumbona,
un suave arrullo marítimo,
una mecedora de carne.
De la mimosa mar
una ostra abierta y húmeda,
el imaginario de un beso,
el cruel sabor de los erizos
y la leche tibia de alga.
Nada queda y nada falta.
Deja amor que me tumbe
en tí como en una hamaca.

Tusas

Tusas

Aprendí a ser tusa en noviembre del 1995. Y ayer ascendí a la posición de ratusa: que es una mezcla letal de rata con tusa. Debo decir, que aunque tarde, convertirme en tusa y luego en ratusa ha sido la mejor desición que he podido tomar en mi vida. Ser tusa paga; es cierto. Aunque bueno, últimamente he visto unos cambios en mi fisonomía y en mi cuerpo. Efectos secundarios de la transición imagino. Nada importante ni que me quite el sueño. No mientras mi cuenta de banco siga creciendo. Lea bien esta historia y apliquese bien el cuento antes de que sea tarde. Yo por ejemplo: si hubiese sabido antes lo que sé ahora, no hubiera perdido el tiempo en la universidad. Soy vendedor de bienes raíces verá, y eso de ser refinado me estaba quemando las ventas. En vez de yo vender, los clientes me vendían sus mil excusas. Por mucho tiempo les compré sus deudas, sus enfermos, el auto del año, y hasta consultas con el broker. Yo veía como dentro de la compañia, los tráfalas con cara de bolsa eran los que se llevaban las comisiones más gordas, y me preguntaba como podía suceder semejante cosa. Cómo a mi me vendían sus excusas, y a ellos, su verdad. Un buen día, pedí hacer sombra con Carlos, un tusa de lo peor. Y así fue como me introduje al mundo de los tusas. Vi con asombro que el 75 por ciento de la población eran tusas encubiertos. Padres de familia, médicos, notarios, maestros y policías, todos tusas desdoblándose a la menor provocación. Hablando feo, pellizcándole el trasero a sus esposas, jugando a probar quién es el más tusa de todos los tusas. Y claro, un tusa se entiende con su igual, te abre su corazón, te deja que te metas en sus fibras más intimas, y si sabes jugar con ellas, te permite que decidas como gastar su dinero. Como vengo de una familia chapada a la antigua en la cual decir "coño" te ganaba un castigo, el cambio de gente bien a tusa no fue fácil. Esto de arrastrar la lengua y hablar masticado cuidando de no pronunciar una erre delatora no es tarea para taimados. Luego tuve que aprender a maldecir: a decir cabrón, maricón, hijo-de-puta, pero esto no fue lo peor. La primera vez que tuve que rascarme los testiculos como para demostrar que en efecto ahí estaban, yo tenia huevos, fue una experiencia devastadora. Pero como todo, la verguenza también pasa,y de pronto un día eres capaz de rascarte los huevos frente a un tipo que te dice que tiene que consultar con su madre si se compra o no la casa que le gusta. Pero ya en este caso, la entrelinea del astusa es mucho más refinada, y así con cierta elegancia le estás diciendo al tipo: ¿Hombre, dónde carajos tiene usted los huevos? -Y otro tusa te entiende, baja la mirada y te pasa su billetera como para demostrarte su hombría. Que no se lo estoy diciendo yo: ser tusa paga, aunque bueno, no es trabajo para mamones. Hay que tener corazón de hierro y memoria corta. Ayer por ejemplo tuve que poner en su lugar a un cliente porque me dijo que tenía que pensar si compraba o no la propiedad de sus sueños. Una ganga por cierto. Tuvo los huevos de decirme que estas cosas no se podían tomar a la ligera, que le diera unas semanas para consultarlo con la almohada. Oyó usted bien, consultarlo con la almohada me dijo. Le dije que qué se pensaba, qué había venido al mundo con fecha de caducidad, ¿qué le garantizaba que no se iba a morir hoy mismo e iba a dejar a sus hijos en la calle? Que no tenía consideración por su mujer ni sus hijos, mucho menos amor propio, que tenía a su familia viviendo en la miseria, alquilados, mientras él se daba lujos, que no era hombre sino animal. Para demostrarle que yo tenía razón lo enterré en el jardín de la casa que no tendrá jamás, y donde servirá de abono para las flores que una familia más meritoria disfrutará. Ser tusa paga. Sólo hay una cosa: me están saliendo dos protuberancias a cada lado de la cabeza. Y mi esqueleto parece encogerse. Las corbatas cada día me quedan más grandes.

Vesania

Vesania

Permutarán los días
y no diré he olvidado
el brillo inopinado
de tus ojos pardos.
En la curva de mi hoz
el cruel grito expresionista
el cuchillo en el camino
los paseantes que se pierden
rehuyendo lagartijos
ignorando las serpientes.
Del enajenado Dalí
dos amantes pacientes.
cuya ansia a destiempo
llega sin que se busque
y se instala en liviandad
de carnaval burlesco.
Permutarán los días
y no habrá más de lo que vemos
no más que estas palabras
pan y vino de esta tierra
vesania de silencios
vulnerabilidad del cuerpo.