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Ceshire

De esdrújulos y escuchas

De esdrújulos y escuchas

De esdrújulos y escuchas.
I

Poco sé de gramatica.
Poco, de complementos.
Poco, de puntos y comas.
Poco, de versos y métrica.
Sentir no acepta estéticas.
Tú, esdrújulo:
-¡Te saltaste una tilde, amor,
te saltaste una tilde!
(Y se me seca la tinta).

II

Yo te diré lo que buscas
pero antes escucha:
tu oído es oído,
no una extensión de tu boca.
Tu voz es voz
sólo cuando alguien la escucha.
Y el escucha, escucha,
sólo si tú lo escuchas.
Yo te diré lo que buscas
pero antes escucha:
“Escuchar no cuesta nada”.
(Y tú despistado: -¿Qué cosa?).

El hombre Imaginario

El hombre Imaginario

***De Nicanor Parra

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Amor de otro tiempo

Amor de otro tiempo

Te quiero homosexual,
bisexual, heterosexual,
heterodoxo y pobre.
Sin dogmas,
sin disfraces,
sin resignadas máscaras.

Te quiero con el color que tengas,
no blanco fácil,
sí negro difícil.

No es necesario
que me sostengas y me apoyes,
aunque no tenga solución a mis problemas.
Pero te quiero,
y me gusta compartir contigo
el primer rayo de sol de la mañana,
un eclipse lunar
entre las sábanas,
el vuelo de una mariposa.

Lo demás, déjalo
a los psicólogos
que fracasaron con nosotros
y a los historiadores
de esta sociedad falsa
que estamos ayudando a derrumbar.

***Beatriz Berrocal. Poemas antisociales. Derechos reservados 1998

Ella

Ella

Una mujer me hace grande.
No me riñe, no me prueba.
Como una excepcional báscula
su mirada blanca oscila
armoniza y crea balance.
Vive en todo lo que toco
como un espejo infinito
ella todo lo transforma.
La veo en la melena oscura
en la roja, en la cobriza.
En la mujer madura,
en la joven, en la niña.
Ella es la primera
pero también es la última
Su antiguedad me habla
del riso de lo evidente
del misterio de una rosa
de la edad de las secuoyas.

Una mujer me hace grande
siendo yo tan pequeña.

Irremediable

Irremediable

Irremediable

Diré que traigo el gesto borrado
de tanto indagar el mar.
Que en las olas no hay respuestas
ni sirenas gitanas con bolas de cristal.
Que es mentira el oasis
y los desiertos son desiertos
porque en ellos no crecen
ni hierba ni manantiales.
Que la distancia es como el hongo
que alucina, que arrebata, que te miente.

Lo irremediable sería que tú me creyeras.

Hombre araña

Hombre araña

Hombre que te apareces
en todos mis sueños
como un cruel artilugio
del críptico destino
y me dices al oído
las verdades más oscuras
aquellas que nadie
se atrevió a decirme.
¿Dónde estarás?
Hombre cruel, intocado
por el destemplado tiempo
que aunque pasen los años
yo te sueño idéntico
y te observo sonreír
como si no sucediera
que llevas un tercio de vida
acechando mis sueños.
¿Será que era verdad?
Hombre araña que burlas
mi talismán contra pesadillas
y me asalta tu mirada
de oscuro sopor.
Pudo más el orgullo
que cualquier sentimiento
pudo más y sin embargo:
¿De qué me sirvió?

Incierto

Incierto

INCIERTO

No diré que te quiero
como se aman las cosas
verdaderas de esta tierra,
como amo el diluvio
que consume el silencio
de mis noches de estío,
la amapola evocadora
o la mar enardecida
sobre la arena caliente
de las playas de mi isla.

Tampoco diré que te amo
como quise aquellos hombres
que ocuparon mi memoria
con impresiones sensibles
y metáforas exactas
donde edifiqué sus nombres.
Decir si acaso que te quiero
como amo la corriente
que impele y se pierde
en la penúltima curva.

Como se ama lo ignoto
de una ciudad distinta,
la ensoñación tras el sueño,
la virtud tras el delito.
Eres un poco el hado
que siempre está y nunca llega;
también el secreto
que sobrevive inmáculo
tras la ventana del alma
como un tesoro oculto.

No, no diré que te quiero
como se aman las cosas
verdaderas de esta tierra.
Diré mejor que te quiero
como se ama el vacío,
la verdad y la palabra
o como se ansía aquello
para lo que no se alcanza.

Sortilegio de konafah

Sortilegio de konafah

Sortilegio de konafah

Pensarte es un conjuro
de dátiles y uvas.
Lámparas geométricas
con cristales coloreando
las paredes oscuras.
Siete velos, una noche
y mil promesas liadas
con pistachos, hojaldre
y un hábil cuento de cuna.
Pensarte es un hechizo
que evoca en mi boca
el acre sabor de la arena.
paisajes dromedarios,
y melodías de Amr Diab.
Las letras de tu nombre
largas como dragones
tejen en mi mente
premoniciones quedas.
Tus ojos evocan el misterio
del encantador de serpientes.
Seducción de ajonjolí
sortilegio de Konafah.

LA BESTIA PARADOGICA

LA BESTIA PARADOGICA

Un tiempo atrás,
mucho antes
de comprenderlo todo;
comprendía mucho más
de lo que comprendo ahora;
que las balanzas grises
en mi cabeza dicótoma
me muestran el equilibrio
de una verdad obtusa
que en mi limitación absurda
no estoy apta a resolver.
Y siendo el blanco algo negro:
y siendo el negro algo blanco,
resulta que al fin y al cabo
no logro entender ninguno.
Que ya lo dijo Machado,
soy la bestia paradójica
que aun conociéndolo todo
se consume por la nada.

Asesinos

Asesinos

Asesinos
Para Saúl, que en paz descanse.

Aquella canción arabesca
me remonto a tu regazo
de inciensos de canela
de olor a polvo y penumbra
en aquella recamara gris
de sábanas sucias y viejas.
Ay de tu risa y tus besos.
Ay de tu voz triste y dulce.
Ay de tu arte perverso.
Ay de aquel diario negro
en donde me retrataste a mí
con el nombre de una diosa.
Buge ce, buge ce,
Y me remonté hasta tus manos,
retorcidas y agrietadas
talladas en piedra de mármol.
de sabiduría ignorada
de perfección vulgar.
Aquel olor, aquellos dedos.
Aquella guitarra tuya.
Aquellas historias inéditas.
Aquellos cuentos de Allende
en donde te hallé desnudo
entre el amor y la sombra.
Aquel teclado vampiro
con que se te iban las horas.
Aquel Japón que atrapabas
entre animación y discos.
Aquella felicidad dolorosa
de frustrados: “nos queremos”.
Y lloré por ti y por mí
en los brazos de otro amante
con la mirada perdida
en tu mirada y tus labios
y el cinismo del recuerdo
tatuado sobre mi paz.
-Celeste Atreum. Tu Recuerdo.

El revolotear presuroso de señoronas rollizas, de traseros gigantescos aprisionado por licra multicolor y fajas indiscretas atrajo su atención. Aquel empeño de las señoras en apretarse las carnes con disfraces de verduras le encendió en una sonrisa el semblante. Observó un instante la sobriedad intermedia de su pantalón gris tormenta y la rigurosa discreción de su camisa negra de cuello de tortuga, echó una ojeada por sus tacones oscuros de tela sobria y opaca, asistidos por aquella carterita de mano tan introvertida y silenciosa que había comprado más que por impulso y moda, por amor a lo austero y simple y se sintió salida de un magazín blanco y negro de los años veintes. -Soy un extraterrestre ajeno a todo giro de la moda, –se dijo a sí misma, paseando su mirada por sobre aquel alboroto multicolor y yéndose a sentar sobre el regazo de un banco de Plaza las Americas. Su sonrisa se extinguió y se quedó como hipnotizada por los alegres rollos de carne vestidos de carnaval que iban y venían haciendo divagar su mente. Rojo, verde y amarillo eran los colores de la temporada. El licra y el spandex estaban pasé desde hacia mucho, pero igual la gente se los ponía, disfrazando su textura con dibujillos de frutas frescas y margaritas escandalosas. Urra por aquellos michelines de carnes mofongas tambaleantes a merced de estampados elásticos, pensó razonando que resultaba una manifestación espiritual eso de posicionar el color por encima de la forma. Acarició con curiosa discreción los suaves pellejos asomados sobre la cintura de su propio pantalón y se sintió miserable por no poseer el valor para vestirse ella también de fruta fosforescente. Volvió a mirar su atuendo salido de mentes daltónicas y por milésima vez en el día le recordó. -Que modelo de los años veinte ni que nada, soy una de las impresiones salida de los trabajos de Edgar Devas. Y se volvió a pellizcar el abdomen, absorta en un par de nalgas temblorosas, que tomaron la forma de dibujillos perversos sobre diarios de cuero negro. Comenzó a ver letras extenderse sobre las enormes curvas fruteras. Vio escrito en ellas poemas, secretos, quejas y complicidades. Comenzó a salir de ellas como si fuera un perturbador gas el sonido de una guitarra anciana ahogada por el uso, por la tristeza, la felicidad, la rabia y la pasión. Aquella guitarra harta de ser voz cantante y de traer las cuerdas despeinadas y la espalda tatuada con cursilerías de amantes. Ahí estaba, invocada por el poder de curvas en celulitis la peligrosa guitarra mujer Marilyn, cuantas veces no sintió celos del poder de seducción que poseía aquella guitarra despeluzada sobre los humores de su amante. Detrás de ella, entonando una melodía de Ricky Martin, lo vio a él, con sus dedos de granito, alargados, melodiosos, y aquellas facciones tan finas como de mujer fea. Como siempre andaba medio desnudo, vestido con aquella camisilla tan vieja que siempre pensó, muy bien pudo haber pertenecido a algún conquistador salido de los diarios de Colón. Dos orgullosas manchas de tinta se extendían sobre aquella reliquia de algodón haciéndole el coro a su imagen de pordiosero y un par de piernas blanquísimas, largas y bien formadas le elevaban al rango de ángel encubierto, ángel caído, tal vez salvador, que más daba.

-“Vuelve, que sin tí la vida se me va” – le escuchó tararear a coro con Marilin, carcajeándose por momentos en mofa a su propia voz, observando de reojo a la esbelta rubia despeinada en tacones y vestido, extendida sobre el suelo como un maniquí viviente que ajena a los ecos de su propia historia leía con el seño fruncido una novela de Allende. -“He intentado buscarte en otras personas” -Continuaba cantando, mientras ella lejana se dejaba ver los muslos, no por seducción, ni vanidad, sino por comodidad. -“No es igual, no es lo mismo, nos separa un abismo, ay vuelve...” -y ella le echó una mirada discreta, desconcentrada al fin por aquella vergüenza de entonación. –¿Por qué la obsesión por esa canción tan deprimente? -A lo que él respondió con una sonrisa misteriosa, y la mirada perdida entre los melodiosos cabellos de Marilyn. –Baila para mí, -le dijo al fin. Y ella se quedó tiesa. -“Anda, baila, quítate la ropa de a poquito y baila para mí, no hay nada que desee más en la vida”.- Un mar de carcajadas fue la respuesta que recibió de aquella mujer de cartón. -“Claro hombre, hazte de cuenta que ya bailé” -En una ocasión, venía yo muy tocado por el alcohol, -y recostado sobre la cama divisaste a aquella desnudista de carnes temblorosas y edad madura bailando con suma sensualidad al pie de tu guardarropa, -le interrumpió. –pues yo ni soy desnudista ni tengo las carnes ligeras, -replicó sonriente volviendo a posar sus ojos en el libro. –Te aprendes mis historias con gran rapidez. –Yo me aprendo cualquier cosa con gran rapidez. -Le dijo, y vio como él sin prestar demasiada atención a las palabras que ella acababa de pronunciar, se levantaba con suma agilidad del suelo y alimentaba con el disco de Nine Inch Nails un radio tan viejo como su camisilla manchada. Le vio hacer un suave gesto de placer al escuchar el sonido que comenzó a salir a borbotones de las pequeñas bocinas y bailar al son de “Closer (internal)” en gestos obscenos. -Yo tampoco soy desnudista, -le escuchó decir mientras se quitaba la ropa y se frotaba el sexo. -Y con placer te muestro mis carnes ligeras. -Ella sintió algo requebrarse en su pecho. Eran sus complicados valores de infancia mezclados con la vergüenza y el deseo. -Te prefiero dando alaridos. -Le dijo secamente, posando su mirada en una libreta de cuero negro ubicada al pie de la cama. -¿Crees que te convenga leerla? -¿Te conviene a ti? -Repostó ella arreglándose el cabello en una dona. –Eso depende de ti. -Y ella le dedicó una mirada traviesa levantándose de entre el polvo de aquel piso manchado para descubrir la respuesta. -¿Tu diario? –diario, sueños, poesías, mentiras, dibujos, listas de compras, hay de todo un poco aquí. -¿Estoy yo? –Estas en forma de sueños, pero tal vez no te reconocerías. -Y ella alargó la mano con la intención de descubrir los secretos de su amante, solo para toparse con la mano inhibidora de él. –Es mejor que no lo hagas. -¿Por qué no? Quiero conocer todo lo que ocurre detrás de la mente tuya. –No, en realidad solo quieres comprobar si existen los príncipes azules. -Le contestó él, abandonando el cuarto por unos instantes y regresando con las manos vacías. -Si quieres la respuesta Celeste, no necesitas buscarla en mi diario, yo mismo te la puedo decir. La realidad tal vez triste para ti es que no es así. Los príncipes azules solo existen en los cuentos de hada. Yo soy un hombre real, de carne y hueso. Allí, entre las paginas de ese diario, contrario a lo que tu desearías, no hallarías poemas dedicados a tu belleza, ni odas a tus grandes ojos azules, solo encontraras trazos de mi soledad, de mis pecados, que para mi no lo son, pedazos de mi verdad, que es la única que conozco ¿entiendes? -Ella se quedó fría, su rostro no demostraba signos de pasión pero un par de lagrimas bajo por sus mejillas, entendía perfectamente lo que su amante había querido decirle, esta no era la primera vez que tocaban el tema, los seres humanos habían nacido libres, libres para conocer otras personas, libres para amar coño Celeste, que amar es lo mas grande y mas enaltecedor que nos da la vida, estamos hechos para todos y para nadie, nuestra mente es perversa y sexual si le permitimos serlo. Y si vemos mas allá, no lo es, pues la perversión es una creación inhibidora del hombre sobre la cual se sostienen fines socio-económicos. -Sintió que algo nuevamente se quebraba en su pecho y no pudo hacer mas que respirar hondo y limpiarse la vergüenza sobre sus mejillas. –Coño mi amor, perdóname, ¿Cómo es que siempre te hiero tanto? Tengo veneno en la lengua, no llores mi amor, no llores. Que ante todo te amo, tal vez no como aman los príncipes azules, pero te amo como aman los hombres que no tienen miedo de descubrir su naturaleza, como descubrirías que me amas tú, si no tuvieras miedo de experimentarte tal como eres y reconocer que es hermoso.

Poco a poco el sonido se fue haciendo lejano, y el par de nalgas en brillo volvió a tomar forma de persona y se alejo con sus reminiscencias entre un revuelo niños, mujeres y bolsas. -¿Todo bien Celeste? –escuchó que la saludaban. -Muy bien, -respondió avergonzada por la indiscreción altiva de su mirada viajera. -¿Cómo están esas ventas? -le pregunto palmeando su hombro el hombrecillo de rojo. -Algo lentas. -Respondió como quien recita un poema de memoria. -¿Estás bien? -Quiso saber como todos los días a la misma hora él, mirándola con una sonrisa tan amplia que Celeste se preguntó como no se le secaban en hipocresía las cuencas de la boca. Reaccionó rápidamente con una mirada complaciente y un efusivo “claro”, observando de reojo las caricaturas perrunas en la corbata de su amigo, que manía la de alguna gente de querer convertir a sus allegados en payaso de sonrisa de circo. Que intolerancia a la seriedad, a lo neutral, a lo real, que intolerancia a la vida, pensó. -a ver mujer, échate una sonrisita, que mujeres tan bellas no deben andar serias, -y ella se imaginó, ovillada, bajándose los pantalones y la ropa interior, abriéndose con ambas manos el trasero y dejando al descubierto el circulo rubicundo se su ano, para echarse un apestoso gas en sus narices, ¿que tan bella te parezco ahora, no sabes que la realidad no es perfecta y que la perfección que pretende serlo limita y por ello tampoco lo es?, hubiese querido refutarle, mas se conformó con cortarle con una sonrisa complaciente y un político: -¿Y qué, como vez el movimiento en tu tienda? –a paso lento pero seguro, -le contesto con una mano en la cintura y otra sobre la quijada. -Eso último es lo que reconforta, -añadió ella. -Venga Celeste, deja la tragedia que a ti te va mejor que a mí, -y ella volvió a sonreír, levantándose del banco y arreglándose la camisa en gesto incomodo, -Suerte, Optimo, que vendas mucho,
–culminó, dejándose perder entre la gente.

“Si algún día tus dos ojos se pasearan inocentes, por las letras blanco / negro, de mi solitaria mente, tu corazón noble y niño, cambiaria para siempre con el puñal de mis vicios, clavado sobre su suerte, y no entenderías que te amo y no hallarías conexión, entre el hombre que te muestro, y el hombre que soy Por eso amor, si por novata, pretendieras descifrarme, como yo quise una vez y te aventuraras sigilosa, por los pliegues de mi ser, encontrarías penuria, hallarías confusión, y te perderías auscultando las sombras de mi corazón. Y cuestionarías los nombres, y cuestionarías los fantasmas, y me odiarías por amarte de la forma en que lo hago”. -¿Es un poema?, -No. -¿Por qué entonces la rima? –No sé. Así salió –A la verdad que leyendo esto me doy cuenta que el que vive en un cuento eres tú, tu vida es una canción de Arjona, yo no te tengo miedo Saúl, que es lo que te crees, el gusano en la manzana o algo así. –replicó ella, observando absorta el dibujo en carboncillo de una mujer ovillada, con el trasero expuesto sin ningún tipo de pudor. -¿Y esto? –¿Y esto qué? -¿Este dibujo, que significa? –No significa nada Celeste, es mi mujer, es la desnudista danzante. -¡Ho, claro, como no me he dado cuenta antes, si es tu mujer! -Ay Celeste por favor, no seas infantil. –Y porque tantos dibujos de ella chico, la desnudista ovillada, la desnudista durmiendo a pierna suelta, la desnudista tocándose la potoroca, la desnudista hasta en la sopa carajo. -¿Estas saliendo con otra mujer Saúl? –No. -¿Me amas? –¿Cómo dejar de hacerlo? -¿Me deseas? –Por favor Celeste, bien sabes que me vuelves loco. -¿Por qué entonces veo en este diario tanto dibujo de vieja vulgar chico? ¿Por qué es que no me veo a mí? –Celeste ovillada, Celeste tocándose, Celeste suplicante de deseo acostada en zancadas, eso si que estaría gracioso, a ti hay que pintarte leyendo libros o tal vez meditando en un bosque con dos alas saliéndote de la espalda, no haciendo pornografía. –Vaya, ¿Piensas en ella cuando me haces el amor a mí, piensas en la desnudista danzante? –Celeste por favor, no preguntes lo que no estas preparada para escuchar. –Por lo visto es así, por Dios Saúl que no me amas. -¿Y tu Celestica, cuando estas a punto de alcanzar el éxtasis, estas aquí en la tierra, estas junto a mí, cumples del todo el papel de la princesa del cuento?

-¿Esta pieza es original?, -Favergé traído de Rusia. –Contestó Celeste, reconociendo en aquel rostro y en aquel cuerpo de mujer madura una traición conocida.

No existe la felicidad ni la infelicidad dentro de la eternidad, lo que existe es un punto intermedio, hombre, que de vez en cuando nos congraciemos en risas o nos sintamos deshidratar por llanto, cierto, pero de ahí a afirmar que es posible vivir en felicilandia o que es natural vivir en el país de la desgracia siempre hay un paso muy grande. Lewis Carroll era un hombre sabio. Como me enferman los que sonríen por compromiso y no se dan espacio para más, porque hay que estar positivos, porque no podemos dejar que nadie nos vea la boca de puchero, a ver coño y para que, si te estas limitando tu mismo, si no te haz permitido conocer tus reacciones reales. Ay Celestica, ni me hables de los llorones, que si hace un calor de la puta madre, que si tengo mas deudas que vida, que si estoy gordo, que si el marido me ha puesto los cuernos con una chica mas joven y ay que no puedo vivir más, las causas externas dominan mi existencia, ay de mi que soy la victima... Coño Celeste que dan ganas de ponerles fin a su miseria.

Y Celeste sonrió de forma torcida, entre recuerdos quebró el cristal entre sus manos y pintó de rojo su dolor, expiándolo con su sangre. Nunca supo que sucedió con aquella última cliente de carnes ligeras y gesto sorprendido, por que se perdió en el recuerdo y ya no quiso regresar. Saúl la extraña, la va a ver cada día al sanatorio mental, donde ella lo recibe sin verlo, con el gesto vacío de señales y sin más habla que dibujos que calientan a los médicos y cuentos sobre inocentes princesas traicionadas por rufianes. Enseña los muslos por vanidad y se le olvida abrocharse algún que otro botón cuando camina por los pasillos del hospital en presencia de Saúl. En las noches desaparece de su habitación. Nadie sabe a donde va. Un paciente judío pidió a su familia que lo cambiaran de institución mental porque el seductor demonio de Lillith se le aparece por las noches desnudo y lo tienta a pecar. Recientemente hubo en el hospital un brote de extraños chancros y aftas en la boca. Lo último que dibujó Saúl, fue a la desnudista muerta.

HEBRIGO

HEBRIGO

Arrector pili de mi alma:
traigo frío, estoy helada:
contrae, relaja, construye,
el Fénix epitelial
de mis torres resurrectas;
recorre, enraíza, renueva,
pero con sangre que hierva,
los asuntos medulares
que forran de frío mi cabeza.

REDENCION

REDENCION

La redención
tiene tu rostro
y tu cuerpo
de enredadera
húmeda.

Tiene tus manos
y trepa
por mis rincones
sucios.

Como las palabras
de Neruda
que escalaron
a Matilde
en su poema cinco

La redención
tiene tus labios
de fuente.
-Eterno-
“Todo lo ocupas tú,
todo lo ocupas”.

Tiene tus ojos
de luz
que quema
y me sacude
la noche.

Tiene tus piernas
ebrias
que alucinan
mi dolor.

La redención
tiene tu nombre.
Y me haces el amor.

Goteándote
renazco.

El beso

El beso

EL BESO

Gustavo lo intuyó,
la pasión
tiene forma vertical.
Los besos furtivos
deben darse de lado
con la cara
a medio ángulo
y los dedos ocupados
bajo sabanas de ocre.

Gustavo lo sabía.
Los besos en el omaso
copulan entre mosaicos,
entre flores peripuestas.
Se dan a media penumbra,
a ojos cerrados, a mano,
a pierna doblada,
y sin embargo
de frente, siempre de frente.

Gustavo,
desde Viena lo pintaba,
y yo te lo estoy diciendo,
los besos oscuros
se dan en páramos,
de cara a sus orbitales,
no en la agnosia,
ni en murales,
ni en público.

Y me besas y me dejo,
mi mano bajo la sábana
acaricia tu cuerpo.
Todos miran,
no me importa,
Gustavo el vienés
ya esta muerto
y Österreichische
está lleno
de besos como el nuestro.

Seca

Seca

En contacto con mi piel, el ópalo se ha vuelto una piedra lechosa y seca. Sin fuego el borde de mi oído, el nicho en mi cuello, el broche sobre el chal negro y el anillo en mi dedo. Sin fuego y cansados todos mis miembros. Cansado, el vuelo en mis pestañas que continúa cayendo sin abanicar aquello que mis ojos buscan. Creando revuelo, tempestades, acariciando preguntas que no tienen respuestas. Acostada sobre la acera, no logro atrapar los últimos significados. La verdad se me escapa como una estrella fugaz, con cuya luz efimera hay que conformarse. Al otro lado de la calle, un hombre obeso predica el odio y pronuncia la palabra amor. Con una pierna de palo y la Biblia bajo el brazo, cojea haciendo círculos. Maldice a los homosexuales, a las madres solteras, a los ladrones y al PAM. Más abajo, justo debajo de un balcón adornado de luces blancas, otro hombre sueña con un futuro más bonito. Su presente es una morena de largas piernas y minifalda, pero no la ve venir, tampoco la ve alejarse. La morena avanza hasta perderse entre negras bolsas de basura. Mis ojos dejan de palpar horizontes. Aterrada, huyo de mi misma y de lo que me rodea. Mientras corro, cae una lluvia de estrellas fugaces, piedras lunares con fuego azúl y lágrimas, las mias. En el cielo, una compasiva Shekina se ve tentada a develarme el secreto. El silencio se llena de un suave perfume de lavanda y la noche de sueño. Alas transparentes abrigan mi tristeza. Y no pasa nada ¿o si?

Triángulos: Carta de Pepe a Pilar

Triángulos: Carta de Pepe a Pilar

***Aportación de mi amigo Max de Sastre***
http://laoficinaimaginaria.blogspot.com/

Querida Pilar, hoy tampoco. Ya sé del luto de tus dedos, y del olor a pan... Pero yo apenas puedo vivir así bajo los ojos de María. Somos un accidente en la línea regular de nuestra desesperación invisible. Y somos invisibles, como el desaliento. No puedo seguir así. María borra de mi boca la perplejidad en que me sume tu recuerdo y tu borras de mis manos la memoria de su cuerpo. Pero algo se me ha roto esta mañana cuando María se ha sentado en mi regazo, algo se ha roto cuando me ha besado y ha borrado los archivos fingidos de mi memoria. La realidad ha irrumpido en mi rutina a través de sus ojos y ha iluminado zonas de penumbra donde jamás ponía mi vista. Ciego vivía a causa de lo prioritario, olvidando lo más importante. Hoy he recordado el cuello de María y he visto sus manos cansadas. No sé por qué, detrás de todas las evidencias de la devastación, hoy he visto lo que queda de María. Todavía esta ahí. Detrás del gesto aburrido, debajo del rizo descuidado, sobre su cuello melancólico, bajo sus cejas recortadas, entre las arrugas que empiezan a rodear sus ojos, entre sus pestañas, en el fondo de ese mar que tiene en la mirada, hoy he visto a la niña que me enamoró. Hoy he visto que María todavía está ahí. Yo pensé que se había marchado y sólo quedaba de ella una especie de espectro desaliñado. Pero no. Ella está todavía ahí. No sé si se oculta queriendo ser otra, no sé si son los años los que borran. Pero sí sé que ella no se había ido, como creí. Tal vez yo sí me había perdido entre mis obsesiones y mis prioridades vanas. El ausente era yo. Pero ahora vuelo, ahora regreso al mismo sitio donde estoy para reencontrarme con ella. Querida Pilar. No puede ser. Lo nuestro es más imposible que lo nuestro.

Pepe.

Triángulos: Pilar, desde la ventana

Triángulos: Pilar, desde la ventana

Pilar, desde la ventana

Pilar mira por la ventana: el murito de ladrillos destartalado parapetado en el medio de su propiedad no se sabe bien con qué propósito; las palmas reales enanas pintadas a la mitad; los helechos desdoblados que ya nadie riega; Lolita como un acordeón de orejas de hojas de panapén persiguiendo al mismo gato amarillo de cola abultada y uñas de infección; el alto portón: maldito portón cerrado, siempre cerrado, blanco, descascarado; la vecina que le grita a su hijo que no meta alambres por el enchufe; el chiquillo del diario que en lugar de en bicicleta, ahora llega en auto; el reloj, el reloj que anuncia que en tres horas debe estar en su oficina; los pájaros grisáceos de pechos amarillos cantando lo mismo de siempre sin ton ni son; el café humeante que no acaba de colarse; el olor a malagueta del Superior 70 en su frente; el alcanfor en su pecho; las flemas de las mañanas, las mismas flemas de siempre; el pañuelo blanco en su nariz; el: “Paola, acaba y despierta”, el: “ay mami deja ya”, el golpe seco: ese mismo sonido rotundo de todas las mañanas haciendo eco en las piernas de la niña de don Julio y doña Lucy: “por malcriada”, y el “Bua...”, y el “run run” del carro de don Julio, que parece ansiar que den las 4:00 de la madrugada cada día para largarse del panorama, y Pepe. Pepe que no llega, Pepe que no está, Pepe que es un sueño que se sueña en primavera, o en verano, o en otoño, pero nunca en navidad; un sueño matutino o vespertino: jamás nocturno, pero bueno, Pepe al fin, Pepe como es, Pepe que se aparece como una fiebre cuando quiere y cuando puede y si lo dejan... y el calendario anuncia septiembre y falta mucho para diciembre; y Pilar, Pilar sonríe mientras busca sin suerte a Pepe desde la ventana apolillada del deseo de dos viernes de luto dactilar, y se piensa abrazándolo con sus delgadas manos; lo piensa ahora: así, a medio desayuno, a tostada en mano, mientras resbala la mantequilla blanca por el pan de hogaza que huele a fuego, a carbón, a Pepe que con el dedo índice le va soltando con pericia uno a uno los botones de su camisa de algodón; sí, le huele al pan de ese hombre que la besa, la acorrala, la mima, la huele, la estruja y al rato le pasa la plancha con besos de mermelada: así, ella casi lo siente, desde sus manos pequeñas y rosadas, mientras arranca medio ida un pedazo del pan untado en mantequilla; ávida por comerse ese olor que la encandela: el pedazo resbala y cae a merced de la nariz de su Lola que llega de sopetón, olfateando torpemente y engullendo el pedazo de pan sin dar tiempo para más. Y Pilar, Pilar ríe y despierta y acaricia las orejas de su Lola: casi feliz: –¿Te gustó, Lolita, mi Pepe?-, pero en realidad, extraña; melancólica, a cariños para perro, estos días, Pilar, extraña; porque es miércoles 3 de septiembre, faltan sólo tres horas para que inicie el “modo automático” de su día en la imprenta y el maldito portón continua cerrado.

Esperanza

Esperanza

Del extranjero me llega tierra del Stonehenge tamaño viaje, sal negra para mantener a raya a los malos vecinos y piedras con formas fálicas que prometen enderezarme el aura sin esfuerzo. También un pinjante con forma de corazón hecho de angelite azúl fluorecente, ruidosos collares con cuarzos ahumados, cristalinos y violetas; huevos de jaspe de dálmata para promover el buen humor, raíz de angélica para purificar lo malo, polvo de sábila para incrementar lo bueno, inciensos de pacholí para encender la pasión y sodalita azúl para mejorar el chacra de la comunicación. Aquamarinas porque sí, algunas infundidas de oro, bolsitas para hacer mojos, resinas de todo tipo, jabón de castilla liquido, aceites esenciales todos, promesas como moleculas de oxígeno, recetas para vivir bien, y una esperanza que cavila.

Julio del 2005 y aún no aprendo a esperar.

Triángulos: María desde María

Triángulos: María desde María

María, desde María

Despertar, estrujarse los ojos, sonreír sin saberse, aferrarse a las sábanas que cantan canciones de cuna para engañar a los relojes, escuchar el grito de guerra del: “Buenos días América, son las 6:20 de la madrugada”, bostezar, dar un manoplazo al radio-reloj, aplazar lo inaplazable, acomodarse de lado; palparse los dedos, los brazos, los hombros, el cuello, y llegar hasta el cabello con un toque ligero: -¿Estas despierta María?-. Y ejercitar los pulmones con un suspiro dilatado que acelere los latidos dormidos; y respirar, respirar profundo porque el sueño es insistente y cierra los ojos con un vago ensueño de abuela y dice al oído que soñar es más bonito, y los sábados son días para gozar del sueño: -¿Soñamos María?-. “En breve las noticias en caliente”, otro manoplazo: cortar el sueño de tajo, y llevar hasta sus confines las cuencas de los ojos, y no, los sábados son días para tener los ojos bien abiertos.

Pie al suelo: sentir las losetas de textura de vajilla recién pulida; acomodarse el tirante del camisón; arreglarse la braga que anoche nadie quitó; caminar hasta el espejo, mirarse la María de hoy; acomodarse el rizo descarriado atrincherado justo en la frente, reconocer la nariz colorada, el cuello alto de gata: -sí, María, siempre has tenido cuello de gata egipcia-, sonreír orgullosa y acallar con mordazas de pepino las arruguitas que comienzan a asomarse por las comisuras de sus ojos; y lavarse con un frío baño las marcas que deja el abrazo de las sábanas: latigazos de humor negro: -inmisericordes sábanas-.

Y preparar el desayuno: -¿huevos Pepe?-. -Avena con café-. Y recorrer la sala, los pasillos y los baños con “spray” para matar los gérmenes, abrazar a su marido que lee el diario y alza los ojos al verla con gesto incierto y sonrisa de material de archivo, mimarlo, sentarse en su regazo, empujarle un beso mentolado hasta remendarle la sonrisa; tratar que toque, que sienta, que vea el cuello egipcio, y seguir el guión de los sábados: ¿los cristales o las ventanas? Y soñar, soñar que sueña mientras sirve el desayuno, saca la basura y barre la arena que nunca se acaba. Soñar que inventa, que exagera, que Pepe no ha cambiado en nada, que don Julio, el taxista, inventa cosas, que es el trabajo, si, el trabajo, el que tiene a Pepe tan estresado. Soñar que no hay otra.

Soñar, con dolor.

ENTREPIERNA

ENTREPIERNA

En tu entrepierna,
un remanso de ternuras,
una cartografía íntima
deseos que nos forman
el esqueleto por dentro;
Orgasmos instantáneos
que saben y no dudan,
estrategias, mar y tierra,
eyaculaciones precoces,
dilatadas, perfectas;
silencios que son gemidos,
besos sin reminiscencias,
caricias que no temen;
la mansedumbre de dos cuerpos
lamiéndose las heridas
derramándose por dentro.

En tu entrepierna, dos;
Y sin embargo sólo uno.

AL FILO DE LAS CADERAS

AL FILO DE LAS CADERAS

AL FILO DE LAS CADERAS

Trapecista del deseo,
el orgullo se tambalea,
al filo del hueso
de las caderas.